El comienzo de un festival siempre es interesante y peligroso. Si empieza mal el crítico empieza a hacer planes fuera de las salas de cine. Y más en San Sebastián... Pero no es el caso. Zinemaldia 2010 comenzó con buen pie. Casi 62.000 entradas vendidas y tres películas presentadas: dos de ellas de una notable calidad (la mejicana Chicogrande y la coreana Poetry), y otra a ratos bastante divertida (la española El gran Vázquez).
Horas después se estrenaba el biopic del sensacional humorista Vázquez, uno de los grandes mitos del comic español, creador de personajes como Anacleto, la Familia Cebolleta o las Hermanas Gilda. Es de agradecer una película que haga reir en un Festival. Y esta lo consiguió. Aunque a esta comedia le pesa mucho el carácter episódico, la reiteración y la escasísima evolución de sus personajes. Como si hubiesen salido de las viñetas de un cómic, son siluetas sin alma ni matiz, eficaces para la carcajada pero, a la larga, plenamente indiferentes para la emoción. Eso sí, hay que reconocer que Santiago Segura está bastante medido teniendo en cuenta lo exageradamente picaresco de su personaje.
En lo que se refiere a la llegada de estrellas al Festival, todo el mundo está pendiente de la entrada triunfal de Julia Roberts, prevista para hoy o mañana. Ayer llegó John Malkovich, un gran actor con poca cuota de glamour, que fue recibido con el aprecio de unos pocos. El mío por ejemplo.
Vuelvo a estar con Boyero. El mejor cine español de nuestra historia, las mejores imágenes de nuestra vida no las están protagonizando Penélope Cruz, Raúl Arévalo o Maribel Verdú, sino Rafa, Andrés, Pau, Xavi ó Contador.
Tendremos que esperar. No como en Estados Unidos, que se estrenará el próximo 20 de octubre. Lo último de Eastwood es un arriesgado thriller sobrenatural escrito por el gran Peter Morgan (The Queen, El último rey de Escocia, Las Hermanas Bolena, Frost contra Nixon, The Damned United) e interpretado por Matt Damon y una (espero) redimida Bryce Dallas Howard.
Mahou y el Atlético de Madrid llevan mucho tiempo haciendo una publicidad brillante y muy cinematográfica. Hasta hace poco lo único de lo que podía presumir un rojiblanco era de sus campañas de promoción. Pero los tiempos cambian y mientras que el Real Madrid sigue empatando a nada y dejando tranquila a la niña de sus ojos en Cibeles, los atléticos no dejan de estrenar lideratos y levantar trofeos ante un Neptuno pletórico.
En la vida, como en el cine, pasan estas cosas.... ¡A seguir soñando!
Se presenta como una comedia basada en una historia real. Steven Russell (Jim Carrey), un estafador padre de familia que acaba en prisión donde dará rienda suelta a su hasta entonces oculta homosexualidad tras las atracción que siente por su compañero de celda, Phillip Morris (Ewan McGregor).
Debut en la dirección de los guionistas de Bad Santa y Una pandilla de pelotas, Glenn Ficarra y John Requa. Con este temible precedente hay que reconocer que Phillip Morris ¡Te quiero! supera las expectativas. Carrey y McGregor son muy grandes y consiguen disfrazar algunas de las muchas incoherencias de esta película que insiste en denominarse a sí misma como una historia real a pesar de resultar increíble. Pero es difícil creerse la “maravillosa” vida de Steven con el abandono de sus padres cuando todavía es un chaval, un accidente de coche, sus múltiples intentos de suicidio, el divorcio, el cambio que supone su posterior homosexualidad, delitos, cárcel…
Todo ello se presenta con el tono buscadamente incorrecto de películas como Kick-Ass, que en Estados Unidos ha provocado que la película aún no se haya estrenado (aunque todo pinta más bien a un retraso provocado para reservarla para los Oscar). El guión tiene momentos divertidos pero acaba pesando como una losa el marcado carácter episódico que va de aquí para allá a toda velocidad repasando las incontables mentiras que utiliza Steven para lograr estar con Phillip Morris. Los guionistas, conscientes de las múltiples trampas de la historia, intentan un salto al vacío ingenioso pero finalmente inútil. Tal como dice Steven: “Mi vida está llena de mentiras, pero mi amor por ti es lo único real que tengo”. Poco tiene ver está declaración con una muy similar recogida en el magnífico guión que John August escribió para Big Fish.
Mientras que en la obra maestra de Tim Burton el amor de Edward Bloom por su mujer y su hijo es conmovedor, generoso y responsable, aquí el supuesto amor queda bien definido por el primer encuentro en la celda de Steven con Phillip Morris. El personaje interpretado por Ewan McGregor después de una breve conversación inicial exclama: “¡Dejémonos de romanticismos! ¡Vayamos a la cama!”. Y allá que van, locos por descubrir la poesía de sus almas.
Esto es lo que da de sí Phillip Morris ¡Te quiero!, una frivolidad que muchas denominarán fresca y libre de prejuicios. Pero la película es un cúmulo de prejuicios en forma de tópicos: una vez más la esposa cristiana es la perfecta caricatura de la imbécil retrógada y tristemente esclavizada por una ideología absurda. Por el contrario, el heterosexual agnóstico que se hace gay es mucho más libre y feliz abandonando a su mujer y a sus hijos e intentando suicidarse cada vez que le da bajón o uno de sus numerosos compañeros de cama les da miedo contagiarse de SIDA y decide que esa noche nada de jueguecitos. Al juzgar por el enfoque de la película no parece haber nada criticable en que Steven se gane la vida robando a gente honrada, y que finalmente acabe provocando una brutal paliza a un enloquecido e inocente preso por el simple hecho de que da el coñazo a su Phillip Morris con inoportunos gritos a medianoche. Tampoco parece malo que Phillip Morris al salir de la cárcel pase olímpicamente de la persona que se ha jugado la vida por él. Todo lo contrario Isn´t it romantic, que diría Rod Stewart.
Y además estamos hablando de una película que no quiere influir en nadie, sólo cuenta una historia. Ni siquiera pretende ensalzar la práctica gay y volver a ganar Oscar tan "justificados" como los que Precious oMilk birlaron de manera tan “artística” a otras obras casposas y convencionales como Up in the air, 500 días juntos, District 9, An Education, Frozen River o Wall-E.
Así que nada de censurar esta ONG cinematográfica que hay que recomendar a tantos adolescentes cohibidos en materia sexual y religiosa, sin apenas libertad para pensar por sí mismos, pero plenamente maduros intelectual y afectivamente para no ser engañados por nadie que quiera aprovecharse de ellos. Es más, que la vean muchos niños que aprendan de adultos ejemplares como Steven, todo un modelo a seguir en estos inicios del siglo XXI… Sólo así tendremos un futuro luminoso como el cielo de la película, ese que aparece en el antológico plano final tapado por una nube con forma de pene (una delicada manera de cerrar una película tan inocente, educativa y bienintencionada como esta).
Un día como hoy necesita una película como ésta. Nada de depres post-vacacionales ni somníferos encubiertos... Lo que necesitamos es el mejor musical de todos los tiempos.
Otra, otra... Es el grito del año. Después de recuperar Rambo, Rocky, Terminator, El equipo A, Karate Kid, Indiana Jones y Tron entre otras, llega el momento de reanimar a una de las pelis más destructoras de los ochenta. La revisión de la una de las pelis con mejor presentación del prota (la musculatura de Schwarzeneger portando la leña de todos los bosques de Estados Unidos), tendrá como actor principal a Sam Worthington.
Una de las películas más veraniegas y luminosas que recuerdo: Vacaciones en Roma. Una de mis favoritas. William Wyler rodó esta divertida película con una joven llamada Audrey Hepburn que ganó el Oscar por su interpretación de una princesa rebelde enamorada de un periodista tentado por el sensacionalismo. Gregory Peck aportó elegancia y honradez a este personaje y Audrey espontanteidad y encanto.
Han pasado más de 60 años desde que se estrenó, pero Vacaciones en Roma sigue siendo un clásico que cada año que pasa se hace más joven. Calificación: 9
Continuo en mi cruzada de defensa de Manoj Nelliyattu Shyamalan: enorme director de cine que hoy cumple 40 años. Ya sé que en la crítica de Airbender le he puesto guapo... Pero tenía que decir lo que pensaba, y creo que esa peli es todo un error que espero que no tenga continuación.
Pero un error lo tiene cualquiera. Hasta Howard Koch o uno de los hermanos Epstein fueron capaces de incluir en el GUIÓN DE LOS GUIONES (Casablanca) una frase que parece entresacada del libreto de Amanecer, Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse (en fin, esa saga que sigue arrasando en taquilla promocionando inquietudes intelectuales a tantos adolescentes de corazón en conserva).
A Shyamalan le agradezco momentos muy luminosos. Que hoy en día alguien aproveche el cine para contarnos que hay salvación posible para el ser humano me parece plausible. Es muy fácil destruir y desesperanzar al personal... Construir es más complicado. Eso lo sabe muy bien Shyamalan. Y Capra. Y Tim Burton. Y Spielberg (cuando era Spielberg), y Clint Eastwood en algunas de sus últimas aportaciones (Banderas de nuestros padres, Gran Torino).
Una de la películas de Shyamalan mejor valoradas en nuestro país es La joven del agua. Esta incomprendida cinta ha sido la menos taquillera de Shyamalan (en Estados Unidos sólo recuperó 42 de los 75 millones invertidos, aunque estas perdidas fueron sufragadas por el dinero ingresado en el resto del mundo), y la principal culpable de que a este director hindú le hayan colgado el letrero de director peligroso para la taquilla. Curioso cartel para un artista que se ha gastado 546 millones en 8 películas y ha ingresado casi el doble (964), sólo en lo que ha recibido en los cines norteamericanos (lo digo para los/as periodistas que siguen insistiendo en martillear al personal con que Shyamalan es un director que "ha provocado que la audiencia haya perdido la fe en su cine").
Me aburrió soberanamente Zodiac, la anterior película de David Fincher pero tengo ganas de ver la próxima sobre el fundador de la red social Facebook. Me encanta este trailer que parece diseñado con Microsoft Word. Ninguna imagen en movimiento. Ni falta que hace.
Dom Cobb (Leonardo Di Caprio) es un especialista en robar los sueños de la gente a través de la incursión en su subconsciente. Sin embargo, este don le ha convertido en un ser fugitivo que sólo podrá redimirse pasando de ser ladrón a protector de los sueños de uno de los hombres más poderosos del planeta.
Hay alguna que otra vuelta de tuerca que no acaba de estar bien resuelta (en especial el capítulo final de la nieve) y a la relación Cotillard-Di Caprio le falta algo de claridad y profundidad de campo para ser el potente motor emocional que requiere la historia. Pero… ¡qué gran película de este director británico que apenas hace unos días cumplía 40 años!
En este tiempo Nolan ha instalado su filmografía en el mundo del subconsciente y en sus conexiones con el mundo real a través de los mitos del comic (Batman begins, El caballero óscuro), la magia (El truco final), los estados mentales irregulares (Memento) y los sueños (Insomnio, Origen).
Repite con su equipo técnico habitual: el compositor Hans Zimmer, omnipresente a lo largo de toda la película con su inquietante banda sonora, el director de fotografía Wally Pfister y el editor Lee Smith (que, aparte de la obra de Nolan, realizó un trabajo brillante en Master and Commander). Y la potencia visual es tremenda, a la altura de muy pocos. Sobre todo porque es capaz de no caer en el virtuosismo vacío que sí se pierden últimamente otros grandes como Ridley Scott, Scorsese o Brian de Palma.
Gran parte del mérito de la película es del guión del propio Nolan que aprovecha actores de peso para construir personajes con relieve que interesan y emocionan en sus conflictos clásicos en el cine del siglo XXI. Todo ello en un mundo que se desmorona en explosiones espectaculares que reflejan la decadencia de una era que acaba por llegar a los orígenes: el sentido de filiación e identidad perdidos, la conexión con la realidad que capacita o impide la donación a los demás y por tanto la felicidad, la defensa de la intimidad y el respeto a la creatividad individual.
El único problema que tiene la película es que requiere un grado de atención que dudo que puedan prestarle la generación del link acelerado y la atención dispersa (que al fin y al cabo son los que van al cine). Aún así, triunfe o no en taquilla, nadie podrá negar a Nolan los enormes riesgos de su película y su facilidad para enredarse sin morir en el intento en el terreno resbaladizo de obras maestras del inconsciente como Recuerda o Vértigo, del maestro Alfred Hitchcock.
Sí, su última película no es que sea mala, es peor. Pero M. Night Shyamalan sigue siendo en mi opinión uno de los directores más interesantes de la actualidad por 7 motivos: las 7 películas anteriores a Airbender. Y es un tipo listo que no se deja avasallar por periodistas llenos de tópicos que se creen una reencarnación de John Ford y hacen preguntas a un director sobresaliente y con personalidad que nunca harían a otros mucho más impersonales como Stephen Sommers, Judd Apatow o Michael Bay.
Hoy no haré la crítica de Toy Story 3. El planeta entero parece estar de acuerdo en que es una obra maestra de la animación. Otra más de Pixar. Pero quiero que ésta vez la crítica sea vuestra. Telegráfica. Para vosotros ¿qué es lo mejor de esta inmejorable tercera parte?
Es una verdadera pena que la distribuidora Aurum -después de la excelente iniciativa de estrenar en cines las grandes obras del gran Hayao Miyazaki para después editarlas en DVD- no parezca decidida a estrenar Porco Rosso (1992), ni anuncie su salida en DVD.
Es una película asombrosa, que conjuga lirismo, épica y humor de una manera cautivadora. Igual hay que escribir a los de Aurum para animarles...
Veo con estupor la taquilla española de la última semana. Ninguna película llega al millón de euros y la primera en la lista sigue siendo la entretenida El príncipe de Persia con más de 7 millones de euros acumulados. Desastre total para intentos tan fallidos como El retrato de Dorian Grey, Sexo en Nueva York 2, Crónica de un engaño, Campamento Flipy y La última canción. Por fin Hanna Montana recibe un justo castigo a tanta mentira publicitaria y al tardío uso de la lencería (lamentable el espectáculo que protagonizó en el concierto en Madrid de Rock in Río con David Bisbal de rehén). Ni cantas ni actúas bien Miley, todos lo sabemos. No te empeñes ahora en imitar inútilmente a Shakira.
No es nada sencillo encontrar esta joya de Ang Lee sobre los efectos traumáticos de la revolución sexual en Estados Unidos. Pero el esfuerzo merece la pena. Una de esas películas que sugiere muchas cosas gracias a un guión perfecto y a un reparto estupendo (Kevin Kline, Joan Allen, Sigourney Weaver, Christina Ricci, Elijah Wood, Tobey Maguire).
Pedro Antonio Urbina (1936-2008), uno de los grandes críticos de nuestro país, explicaba mejor que yo la grandeza de esta película. Prefiero dejarle hablar a él.
"El banquete de bodas; Comer, beber, amar; Sentido y sensibilidad y ahora Tormenta de hielo convierten al taiwanés Ang Lee en uno de los más valiosos directores actuales. Sobre la novela de Rick Moody, reescrita para el cine por James Schamus, obtuvo el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes de 1997; y esta es otra característica de Ang Lee, su trabajo sobre muy buenos guiones, que respeta e interpreta a la perfección.
La acción tiene lugar en New Canaan (Connecticut), en noviembre de 1973, en torno al Día de Acción de Gracias, fecha de una memorable tormenta de hielo: magnífico escenario natural, en el que se cumple el trágico desenlace de la película, tras el contrapunto patético de una inmoral fiesta de sociedad, que pretende desenfado frívolo.
Los protagonistas adultos, el matrimonio Hood y el matrimonio Carver, muestran en sus vidas el fruto de las conquistas hippies de la década anterior: inmadurez, insatisfacción interior, desorientación moral y una desencantada vuelta a las formas sólo exteriores (y por eso hipócrita) de la tradición. Los cuatro hijos adolescentes de estas familias no tienen en sus padres ni atención ni orientación ni autoridad: viven de un modo aún más desastroso psicológica y moralmente, sin referencia religiosa alguna. A esa realidad negativa, familiar y personal, se añaden las consecuencias de la guerra de Vietnam, los escándalos en torno a Nixon..., señalados con adecuadas presencias televisivas y frases cotidianas.
El ambiente de época está precisado con minuciosidad, y con tal naturalidad que podría pasar inadvertido. La belleza de las cosas, fotografiadas con mimo, como quien busca y encuentra la palabra precisa, hacen pensar en la labor de un poeta. Cada escena o secuencia tienen la luz y el color adecuados, que subrayan su sentido.
Guión y dirección llevan a cabo una magistral tarea de composición y descomposición de un mosaico viviente con los personajes: además de los ocho miembros de las dos familias, aparecen muchos otros personajes. Cada uno es presentado en su individualidad e interioridad, a ritmo pausado, que se hace vivaz al cobrar su papel en el grupo, y se acelera al llegar al desenlace y descomposición del mosaico.
Este mosaico es la familia -una constante en las obras de Ang Lee-, y también la comunidad. El elemento de cohesión narrativa de esas piezas humanas es el adolescente de más edad de una de las familias protagonistas: voz en off, lectura de Los cuatro fantásticos -historieta de ciencia-ficción- en sus largos desplazamientos en tren..., historieta que se levanta como alegoría de lo que está sucediendo en la realidad.
Realidad familiar que es juzgada por este adolescente -según su situación de hecho- como una nada de la que el hombre sale, y a la que al final de sus días se ve obligado a volver. Pero los hechos mismos en la sociedad, la tormenta de hielo exterior, la fría inmoralidad humana y su crueldad, le presentan la familia como el único reducto interior... -o palestra o base de la sociedad-, a pesar de los pesares, ciertamente".
"Para mí, la irrupción de Kick-Ass es comparable a la de Pulp Fiction en el cine de criminales. Kick-Ass marcará un punto de inflexión en el género". Son palabras de Mark Millar, creador del comic original de Kick-Ass (junto al dibujante John Romita Jr), en una entrevista publicada recientemente.
Como ya expliqué en la crítica que hice de la película, no me parece que Kick-Ass haya inventado la pólvora. Considero que Mathew Vaughn tiene cierto talento para dirigir, pero que se le compare con Tarantino y Pulp Fiction me parece increíble. No soy ningún fan incondicional de Quentin, en ocasiones he arremetido duramente contra sus caprichos (Death Proof) y en otras me he quedado insatisfecho con películas que no llegan a ser redondas (Malditos bastardos). Pero me parece que hay años luz entre el tsunami de adrenalina que supuso Pulp Fiction al cine contemporáneo y esa circunstancial tormenta de verano titulada Kick-Ass.
Las declaraciones de Mark Millar me recuerdan a las de hace unos días de Cristiano Ronaldo ("He llegado al tope del mundo, ahora quiero ser eterno. Adoro quien soy"). Lo dice en un año que no ha ganado un sólo título (ni individual ni colectivo). Resulta llamativo. Sobre todo viendo gente como Messi o Rafa Nadal, (o como Woody Allen en el cine), que SÍ han ganado títulos este año y SÍ son los nº1, y sin embargo no tienen esos ataques de prepotencia ególatra.
Millar y Ronaldo deberían aprender de ellos. Quizá entonces sería más fácil valorar sus indudables virtudes. Calificación: 5,5
A veces dos artistas se encuentran sin buscarse en el mismo lugar y a la misma hora. Eso sucedió en 1982. Robert Redford y Jose Luis Garci estaban nerviosos esperando suerte en la ceremonia de entrega de los Oscar. Al final triunfarían los dos. Redford con su opera prima (Gente corriente), ganadora de 4 Oscar "grandes" (película, director, guión y actor secundario), y Garci con Volver a empezar (la primera vez que España ganaba en la categoría de mejor película extranjera). Las dos eran pelis difíciles, de esas que juegan al límite entrando a fondo en los sentimientos humanos. Las dos eran sensacionales. Y curiosamente las dos compartían una misma música: el canon de Pachelbel, una melodía que recoge una gama muy amplia de sentimientos...
La vida volvió a unir a estos dos grandes directores diez años después. Era en el festival de Sundance. Redford felicitó a Garci por la película que acababa de presentar en el festival: Canción de cuna. "Es una película muy moderna", le dijo el actor y director norteamericano.
John Lasseter decidió lanzarse a hacer animación por ordenador gracias a Tron: la original y mítica película de ciencia ficción de 1982. Sólo por eso ya debería estudiarse como un film de culto. No contentos con eso, cuando se van a cumplir 30 años de la película Disney presenta el trailer de esta esperada secuela que pretende actualizar este clásico de la ciencia-ficción con los efectos especiales más novedosos.
Después de muchas crisis y rumores, Guillermo del Toro ha confirmado que abandona la dirección de El Hobbit, saga precedente cronológicamente de El Señor de los anillos. El motivo fundamental es el retraso de la película prevista para su estreno en dos partes en 2012 y 2013. La MGM, una de las productoras de la película, tiene una deuda enorme (en torno a los 3.700 millones de dólares) que está sembrando muchas dudas sobre su futuro.
Cada vez es más difícil encontrar cheques en blanco...