En 2008 Juan Taratuto realizó una comedia redonda, tan graciosa como inteligente sobre el matrimonio y el paso del tiempo. Un novio para mi mujer. Fabian Brando es un actor famoso y egocéntrico, y Florencia Cormik, una actriz cuya carrera no despega. Sin apenas noviazgo se casan y, a los pocos meses, ella se dará cuenta que su esposo es un vanidoso insoportable.
Me casé con un boludo comparte mucho con la película anterior. Mismo género, tono, director, guionista y pareja protagonista. Pero nada que ver. Aunque el arranque, los actores y varias situaciones sobre el mundo del cine son muy divertidas, esta comedia no llega a destacar. Demasiado metraje y un desarrollo de personajes muy poco medido, con varios giros poco sostenibles. Faltan ingenio y acidez para que la guerra de sexos llegue a ser tan vibrante e inteligente como debería.
Valeria merecía más y el impacto de Juan Taratuto de diluye (tampoco destacó en su aburrida película anterior: La reconstrucción).
Elizabeth Taylor apenas tenía 17 años, Monty 29 y George Stevens, el director, 45. Los tres estaban en su mejor momento y eso se nota en este clásico imperecedero. Aunque tiene un final que no está a la altura, el trabajo de interpretación y la puesta en escena es tan intensa y original que la película sigue asombrando por su personalidad.
Garci le dedicó uno de sus imprescindibles programas de cine...
El cine de terror en la última década ha sido la mina más rentable de la gran industria norteamericana. Con presupuestos minúsculos, una casa y una idea original, los títulos que han logrado taquillazos inimaginables han sido muy numerosos. Insidious,The Conjuring, Paranormal activity, The Purge, La Visita, Múltiple... Y él ultimo en llegar ha sido Déjame salir, una película que tuvo la feliz coincidencia de estrenarse en el final de la era Obama con el debate racial en la pole de la opinión pública.
Los datos son increíbles. Déjame salir costó 4,5 millones de dólares y sólo en Estados Unidos ya logró 175. En España ya es nº1 en taquilla y en total en el resto del mundo en apenas unos días ya ha cosechado 55 millones.
La promoción invasiva de Internet y un tráiler muy impactante (y muy destripador de la historia todo hay que decirlo), han aprovechado una premisa terrorífica tratada con humor e ironía muy pegada a la realidad actual. La película es entretenida y cuenta con varios cambios de tercio muy sorprendentes. También la joven pareja protagonista destaca por una interpretación muy valiosa y creíble. Daniel Kaluuya (Sicario) y Allison Williams (Girls) toman la alternativa y sostienen gran parte de la película componiendo una pareja diferente de indudable química.
Gran parte de la inquietante atmósfera se debe a la siniestra y cómica música del primerizo Michael Abels, que recuerda a la mítica BSO de Bruce Broughton en El secreto de la pirámide.
Aunque la película cumple con creces lo que promete: una historia muy creativa e imprevisible, finalmente el recorrido no deja satisfecho. Hay varias trampas muy torpes en el último tercio (esa puerta abierta de un armario que desvela un secreto fundamental), algunas bromas fuera de lugar y la conclusión no da ningún tipo de trascendencia, contenido ni metáfora a unos personajes títere que van de aquí para allá sintiendo y padeciendo muy poco lo que ocurre.
Comparada con la deslumbrante Cloverfield 10 Lane, Déjame salir resulta insatisfactoria, banal y mucho menos verosímil. Y frente a las últimas de James Wan (las dos partes de The Conjuring e Insidious) la distancia es abismal. Jordan Peele, director y guionista de Get Out, MadTV, Obama y Key and Peele, tiene ingenio para crear historias pero aún le falta mucho para ser un buen cineasta de género.
El caso Sloane es una película dirigida con pulso y escrita con la acidez que requiere la historia: un thriller de poder de máxima intensidad... Y por encima de todo está Jessica Chastain, que vuelve a ser la mejor de la película y de todas las actrices de su generación. Que esta actriz no tenga todavía un Oscar es como para dejar de repartir Oscar hasta que alguien solucione esta inexplicable injusticia. Qué gran personaje y qué trabajo más colosal. Puede parecer que la brillantez de sus diálogos hace sencilla su tarea, pero nada de eso. No resultar insoportable con esa inteligencia y esa labia, y además lograr registros de vulnerabilidad es muy meritorio.
La película tiene un ritmo vertiginoso en el que colabora mucho la música de Max Reichart y los innumerables giros del argumento. John Madden logra esta vez una mayor fluidez en la historia que en sus últimos films (La deuda, El nuevo exótico Hotel Maringold). Además la mayoría de las tramas secundarias son necesarias y están bien desarrolladas.
El caso Sloane es un título más a incluir en la lista de películas y series políticas del siglo XXI que están modernizando un género que parecía haberse atascado en los años 70.
Ellis y Neckbone son dos adolescentes unidos por una fuerte amistad y un entorno familiar desafortunado. Un día conocen a Mud (Mathew McCounaghey), una especie de Robinson Crusoe que vive alejado de la civilización, amenazado de muerte y con el recuerdo constante de su amada (Reese Whiterspoon).
La crítica norteamericana ha acertado de pleno al comparar a Mud con la literatura aventurera de Mark Twain. El protagonista de esta película tiene un halo de niño perdido de la cultura del éxito norteamericana similar al que tuvieron en su día personajes como Huckleberry Finn o Tom Sawyer. El director y guionista de la película Jeff Nichols (Arkansas, 1978), ya trató una historia con ciertos paralelismo en su opera prima (Shotgun Stories, 2007). Sin embargo, la película con la alcanzaría mayor prestigio internacional fue con la apocalíptica Take Shelter en 2011 al ganar el Premio FIPRESCI en el Festival de Cannes. En todas ellas retrata seres solitarios, indefensos, salvajes e inocentes en busca de un refugio nuclear, un amigo o al menos una mirada que les proteja.
En Mud destaca la revitalización de dos actores habitualmente dedicados a la comedia capaces de estar simplemente insoportables si no se les dirige con acierto: Reese Whiterspoon (En la cuerda floja, Esto es la guerra , Ojalá fuera cierto) y Mathew McCounaguey (Novia por contrato, Como locos a por el oro, Amistad). Ella construye el personaje con la mirada, él con la voz (una insustituible y demacrada voz). Juntos protagonizan una historia de amor insólita, magníficamente sugerida en el guión del propio Nichols. El resto de actores también muestran una contención y veracidad interpretativa muy lograda, especialmente en el caso de los dos adolescentes y en el de los secundarios Sam Shephard y Ray McKinnon que aprovechan personajes escritos con una precisión milimétrica. Curiosamente el actor con un personaje menos definido es Michael Shannon, protagonista de las dos películas anteriores de Jeff Nichols.
Todo lo que cuenta Mud está narrado con un tempo lento, adecuado para unos personajes que no se desvelan a la primera línea de diálogo, que les guste esconder una rica intimidad muy bien insertada en un entorno selvático en el que hay serpientes, ríos a ninguna parte, camisas que protegen de la muerte y barcos que sobreviven con remiendos de chatarra y motores robados. La fotografía de Adam Stone (otro habitual en el equipo técnico de las películas de Nichols), da un tono realista a los paisajes, permitiendo un cierto romanticismo en detalles visuales de una lírica muy elocuentes: los atardeceres con los adolescentes montando en una vieja motocicleta, la conversación a la luz de la hoguera con Mud, el cruce de miradas entre Reese y Mathew cuando empieza a anochecer y la luna no quiere perderse el espectáculo.
Jeff Nichols también vuelve a contar con el compositor David Wingo que ya hizo una partitura muy sugestiva de piano en Take Shelter, y aquí adopta un estilo country perfectamente adecuado a la historia. Se agradece sobre todo el uso moderado de la música para mantener una coherencia con una melodía visual y narrativa muy sutil pero que te deja la sensación de haber visto personajes de carne y hueso que interesan de principio a fin.
Me quedé sin verla en San Sebastian porque hubo tan buen cine en ese festival que no pude verlo todo de golpe. Y en este caso la espera no ha disminuido mi entusiasmo ante esta opera prima de Claude Barras, un delicada animación adulta preciosa sobre unos niños a los que les han dejado sin infancia.
La vida de Calabacín dura apenas una hora pero cuenta mucho en ese tiempo. El detallismo de los paisajes y gestos es delicioso. Creo que es el mejor uso del color que he visto en stop-motion. Los últimos quince minutos componen un final que te deja sobrecogido. Una película que tardaré en olvidar. Un bombón suizo que merecidamente estuvo en la terna final de los Oscar de este año. Y que por cierto le da miles de vueltas a la aceleradísima película ganadora: Zootrópolis. Calificación: 8
Con Rachel Weisz de protagonista, Tom Wilkinson de secundario y una historia real tan abracadabrante parece sencillo hacer una buena película. Pero el cine es misterioso y Negación es tan tibia y desganada que no transmite nada de emoción. Hay una corrección en los aspectos técnicos que no es suficiente para dar algo de vida a unos personajes sin alma, mal desarrollados y explicados. Mick Jackson demuestra como director que es un cineasta plano como pocos. En su filmografía, hay mucha tele y poco cine. Eso sí, dirigió uno de los taquillazos de los 90, El guardaespaldas... Qué bónita canción y qué peli tan pequeña. Aún así hace tiempo empecé a leer un estudio sesudo y extenso de un crítico de cine que consideraba que era una de las grandes. Hay gente para todo.
El guionista es David Hare, nominado dos veces a los Oscar por el sugerente libreto de Las horas y de la muy sobrevalorada El lector.
5 años después de su espectacular opera prima (Días de vinilo), el argentino Gabriel Nesci acaba de presentar en España Casi leyendas. Protagonizada por Santiago Segura, Diego Peretti, Diego Torres y Claudia Fontán, su segunda película vuelve a tratar sus temas favoritos: la amistad y la música. Pero esta vez no hay magia.
Desde el primer momento los personajes resultan exagerados y previsibles, y la multiplicidad de gags que funcionaba de maravilla en los diálogos de su primera película, aquí son aburridos y toscos. Ni Santiago Segura haciendo de adulto Asperger, ni el gran Diego Peretti interpretando al típico perdedor separado y despeinado con ropa sin lavar, pueden dar algo de vida a una historia que languidece a marchas forzadas.
Es muy reconocible el tono positivo y nostálgico de Días de vinilo, pero poco más ha quedado de ese gran cineasta argentino que esperamos que vuelva a sorprendernos pronto. Hoy Gabriel Nesci y Messi no ganaron, pero yo seguiré en la grada, pendiente de que estos dos genios vuelvan a tirar de chistera.
Esta polémica y comentada serie de adolescentes de ese gran director y mejor guionista que es Tom McCarthy (The Visitor, Win Win, Spotlight), tiene exceso de capítulos y algunos giros muy forzados... Y no se la aconsejaría a cualquier adolescente. Pero logra momentos sensacionales, especialmente en los capítulos finales, con un reparto estupendo y algunas escenas que abofetean con justicia a una generación malcriada y egocéntrica.
En 1994, tres espeleólogos descubrieron una entrada escondida y claustrofóbica de la cueva de Chauvet en el sur de Francia, que hoy se considera uno de los principales “museos” de arte prehistórico. Más de 400 pinturas rupestres, muchas de ellas de más de 30.00 años de antigüedad, que se mantienen alejadas del gran público para facilitar el mantenimiento de la cueva y la investigación científica y artística de los expertos. Werner Herzog (Munich 1942) es probablemente el director de documentales más importante de la actualidad. Desde finales de los 60 ha dedicado casi toda su actividad profesional a historia muy diversas pero que reflejen un interés creciente por el uso de la música como elemento dramático, la utilización metafórica de la naturaleza y una visión bastante pesimista y nihilista del ser humano.
Para quién no conozca su biografía le aconsejo que investigue por su cuenta por que no tiene desperdicio. Herzog nació en plena decadencia del Reich alemán de Hitler, años después fue abandonado por su padre, y ya en la tardía adolescencia viajó por todo el mundo en busca de historias que contaría en más de 30 títulos desde finales de los 60. Entres sus película destacan Grizzly Man(documental por el que fue nominado al Oscar), Encuentros en el Fin del Mundo, El país del silencio y la oscuridad y Futuro incierto. Siempre ha sido un personaje lúcido y extravagante, capaz de cumplir una apuesta que consistía en comerse su propio zapato (como casi todo, está en Youtube), emulando a Chaplin en La quimera del oro.
Estos apuntes biográficos creo que son necesarios para entender este documental que mira a la prehistoria en 3D. El uso de esta técnica da bastantes posibilidades ya que la profundidad de campo es un valor esencial para reflejar la belleza de la cueva y los magníficos paisajes periféricos, especialmente en los logradísimos planos aéreos. La variedad de personas que explican la cueva (historiadores del arte, geólogos, paleontólogos) hace que el documental no pierda interés en ningún momento y que sea muy asequible entender la trascendencia de este descubrimiento.
Herzog se apoya en su fotógrafo y compositor de banda sonora habitual para crear una atmósfera muy sugerente. La importancia de la música es tan grande que el cineasta rodó otro mediomentraje sobre la labor de Ernst Reijseger titulado Oda al amanecer del hombre, en el que se ve la maestría del compositor que logra que los instrumentos vayan mostrando la evolución del ser humano desde sus orígenes. Esta banda sonora cuenta con la inestimable ayuda de la voz narradora del propio Herzog que es muy sugerente, con un matiz y una cadencia difícil de encontrar.
Es una lástima que este director tenga una mirada tan distinta a la de Malick en El árbol de la vida. Ambos cineastas comparten esa admiración respetuosa hacia la Creación, pero donde uno ve orden y armonía el otro ve caos y sinsentido. La película se resume en una metáfora (el cocodrilo albino que se mira al espejo), muy creativa y sugerente pero que da un tono innecesariamente nihilista y pedagógico al documental.
El reparto de esta serie demuestra una vez más que la televisión ha dejado de ser la cara B del cine hace muchas décadas. Nicole Kidman, Reese Witterspoon, Shailene Woodley y Laura Dern componen un cuarteto impresionante que hace que la serie en muchos momentos parezca buena. El creador de esta singular ficción es David O. Kelley, uno de los guionistas y productores norteamericanos más prolíficos desde que en 1989 presentase la serie cómica generacional Un médico precoz. Desde entonces la retahíla de títulos famosos es inacabable: La ley de los Ángeles, Chicago Hope, Ally McBeal, El abogado, Boston Legal...
Big Little Lies cuenta la historia de cuatro mujeres que presumen de modernas, independientes, feministas y competentes profesionalmente. 3 de ellas tienen casas impresionantes con terracita con vista a playas paradisíacas, uno o dos hijos, alguna que otra mascota, armarios repletos, divorcios a cuestas... El argumento se centra en un misterioso asesinato que irá desvelando los conflictos entre ellas, lobeznas devoradoras de hombres y mujeres, obsesas de sexo enfermizo, impulsivo y cuanto más salvaje mejor.
El talento de las actrices es incuestionable, y el director francés Jean Marc Vallé (Café Flore, Dallas Buyers Club, Alma salvaje) le da a la serie un tono de "película para presentar en un festival de cine" (montaje sorprendente, utilización de música desconcertante, sonidos en off, planos metafóricos) que ha fascinado a una parte importante de la crítica de televisión. No me incluyo en ese grupo.
Y es que por mucho que se disfrace de moderna, creativa y verosímil, esta historia es tramposa e imposible. David O. Kelley siempre ha mostrado fascinación por mujeres al límite de la cordura pero muy expresivas y aquí se ha despachado a gusto. Todas ellas son obsesas del sexo violento, insoportables, ciclotímicas e irracionales. Empezando por Nicole Kidman, que vuelve a hacer de mujer objeto de deseo con un marido maltratador al que ella mira como un Grey al que sólo hace falta mirar con cariño sus sombras. Shailene Woodley es el personaje más humano y dulce, pero también inconsistente. El momento en que le explica la felación como algo mágico a su hijo de 6 años aún me tiene estupefacto. Por no hablar de la hija de Reese Witterspoon que está muy concienciada socialmente y por ese motivo vende su virginidad para dar todo ese dinero a Amnistía Internacional.
Todo es tan extravagante como en los peores culebrones, pero el director y el productor intentan vender que esta serie es mucho más sofisticada que Revenge y Scandal. Y no. Los planos de orillas paradisíacas con huellas en la arena y olas rompiendo en acantilados no hacen de una ficción algo poético. Tampoco bastan cuatro grandes actrices en constante giro dramático. Hace falta delicadeza, matices y detalles, algo que no huele en ningún momento esta efectista serie que acaba con unos planos aborrecibles e incoherentes con el resto de la historia. Un bonito anuncio de colonia a modo de conclusión que no consigue aromatizar la miserable y egocéntrica frivolidad que nos han contado a lo largo de 7 capítulos.
Esta serie ha obtenido 6 nominaciones a los Globos de Oro.
Mejor miniserie Mejor actriz en una miniserie (Reese Witherspoon) Mejor actriz en una miniserie (Nicole Kidman) Mejor actor secundario en miniserie (Alexander Skarsgard) Mejor actriz secundaria en miniserie (Laura Dern) Mejor actriz secundaria en miniserie (Shailene Woodley)
Hasta hace unos años, No desearás al vecino del quinto de Alfredo Landa (1970), era la película española más vista en nuestro país. En 1998 fue superada por Torrente que estuvo más de una década en lo más alto hasta que llegaron Lo imposible (42 millones de euros ingresados) y, finalmente, 8 apellidos vascos (50 $). Esta evolución refleja cómo el cine español ha ido subiendo escalones de calidad y el público ha respondido. Sin embargo, también está claro que el humor ibérico en loncha gorda tiene mucha audiencia.
En la televisión española pasa algo asombroso. Las series españolas arrasan llevándose por delante a las mejores producciones norteamericanas como Mad Men o Breaking Bad. La que se avecina es en este sentido un ejemplo claro de cine barato y resultadista, que divide España entre los que adoran la serie y los que la aborrecen. Los creadores son los mismos de Aquí no hay quien viva, otra producción bajo el patrocinio del humorista José Luis Moreno.
La trama de la serie es sencilla: un grupo de vecinos no paran de chillarse lo idiota que es uno, lo fulana que es la otra y lo “buenorra” que está la nueva del cuarto derecha. Las escenas corales son constantes en los pasillos del vecindario con una velocidad trepidante muy característica de las comedias de situación. Hay golpes de ingenio en situaciones y personajes pero la redundancia de humor fácil, exagerado y chusco es agotadora. Hay grandes actores de comedia como Fernando Tejero o Nathalie Seseña pero están demasiados encorsetados en personajes histriónicos con clichés muy rancios del macho ibérico ateo y cumpulsivo, y la maruja crédula y en el fondo bastante golfa.
Estados Unidos puede tener defectos como gran
potencia mundial, pero posee un don incuestionable para contarnos la historia
de su país de manera atractiva y habitualmente legendaria. La inagotable cadena
de producción Netflix en colaboración con Steven Spielberg, estrena ahora una breve
docuserie de los 5 grandes directores que dejaron durante unos años los cómodos
estudios de las “majors” para jugarse la vida y el prestigio en los campos de
batalla. No era una tarea sencilla; el enemigo tenía cineastas del nivel de Leni
Riefenstahl, una directora capaz de hacer verdaderas obras de arte con fines
propagandísticos (Olympia, El triunfo de
la voluntad).
Los 5 directores encargados por el gobierno
norteamericano para concienciar a los norteamericanos de la necesidad de una
guerra en territorio ajeno no tenían apenas experiencia en cine documental o
bélico. Tampoco su conocimiento militar era excesivo, pero tenían un firme
convencimiento en que era necesario mostrar con imágenes la crueldad del Reich
alemán y la fuerza del idealismo democrático norteamericano. Y en eso, George
Stevens, John Ford, Fran Capra, John Houston y William Wyler, eran los mejores.
El creador de los tres capítulos de esta serie es
el francés Laurent Bouzaeu, habitual director de los making of de las películas
de Steven Spielberg y que en esta serie ha adaptado el libro del periodista
norteamericano Mark Harris (Five came back).
Su gran habilidad es lograr orden y dinamismo en la narración de una
historia en la que hay 10 personajes que alternan el protagonismo: los 5
directores que fueron a la Guerra y los 5 cineastas actuales que comentan la
serie.
Spielberg y Greengrass, voces privilegiadas
En esta última selección destacan las voces de
Spielberg y Paul Greengrass, cineastas que han contribuido a que el cine bélico
y relacionado con acontecimientos históricos recientes esté ahora mismo en un
momento de máximo esplendor. Gracias a El
Imperio del Sol,La lista de
Schindler, El puente de los espías, Hermanos de sangre, Salvar al soldado Ryan,
Spielberg ha dado a la industria las claves para modernizar técnica y
dramáticamente un cine histórico que necesitaba una conversión. La contribución
de Paul Greengrass, conocido fundamentalmente por su creatividad en el cine de
acción con la saga de Bourne, ha sido diferente pero también muy valiosa. Bloody Sunday, United 93, Green Zone o Capitan Phillips han sido películas sobre
conflictos actuales con un lenguaje universal y moderno de mucha personalidad.
Mucho más discutible es que entre los 5 cineastas elegidos esté Guillermo del Toro. Su aportación al cine es más que cuestionable, y más a los géneros bélico y documental. El laberinto del fauno, una de esas sobrevaloradísimas películas que el paso del tiempo ha dejado en su sitio, demostró todas sus carencias como cineasta e historiador.
En La
Guerra de Hollywood se alterna
abundante material audiovisual de películas tan importantes como ¿Por qué luchamos?, una serie de 7
documentales de Frank Capra o La batalla de Midway de John Ford. También hay algunas escenas
de películas dramáticas como La señora
Miniver de William Wyler,
ganadora de 6 Oscar en 1942 y que curiosamente fue mirada con recelo por uno de
los grandes productores de Hollywood al pensar que la imagen que se daba del
enemigo era demasiado negativa.
La serie muestra la dificultad del trabajo de
estos cineastas y sus repetitivos fracasos en el terreno de la propaganda.
También se apuntan las aficiones personales que hacían que Houston y Ford
estuviesen más pendientes de las mujeres y del alcohol que del rodaje de estas
películas. Estas limitaciones personales hacen que la historia gane en
conflicto, contrastes y humanidad. Y eso es algo que se echaba en falta en algunas
producciones televisivas recientes de Spielberg
como las fallidas The Pacific o The Red Band Society (ese destrozo
delictivo de la maravillosa serie catalana Pulseras
rojas).
Kevin Reynolds nunca ha sido un director muy de fiar. Rapa Nui, Waterworld, Tristan e Isolda... Aunque tiene algunas aportaciones importantes junto a su actor preferido Kevin Costner: Robin Hood, príncipe de los ladronesy especialmente la serie Hatfields & McCoys. En el reparto destaca un impresionanteJoseph Phiennes y también los españoles María Botto y Luis Callejo.
La música es del español Roque Baños y tiene un diseño de producción bastante vistoso a pesar del limitado presupuesto (20 millones de dólares) que aún así ha logrado duplicar en ingresos en taquilla (42 $). La temática es incandescente pero al no tener nada que ver con Ridley Scott ni con una novela de Dan Brown estamos salvados.
A pesar de ser una ficción sólo fundamentada en datos históricos de los Evangelios, Resucitado es de esas película que arriesga y, en general, gana. Y eso que hay un problema de casting imponente en la selección de Jesús y de los apóstoles, que transmiten muy poco la grandeza de sus personajes. Pero como el guión es hábil sabe centrar la historia en el tribuno y su dificultad para aceptar la resurrección. Con buenos diálogos logra recrear con bastante verosimilitud el momento histórico e incluso profundizar en algunas verdades fundamentales del cristianismo: la caridad, la humildad, etc...
Sin llegar al nivel magistral de La Pasión de Mel Gibson o El príncipe de Egipto, esta película es un acercamiento original que aporta luces interesantes sobre un capítulo apenas abordado en el cine con cierta profundidad.
Tendemos a olvidarnos muy fácilmente de nuestra cultura y eso nos pasa factura. Lo americano, lo francés, esa última novela danesa... Nos fascina Pero cuando una obra de arte española nos deja sobrecogidos el impacto es muy poco duradero. Han pasado menos de 20 años desde el estreno de El abuelo de José Luis Garci y ya apenas hablamos de ella. Y sólo con esta escena es como para recordarla.
El texto original de Galdós era muy brillante pero la versión que hacen en el guión de Garci y Valcárcel es prodigiosa. La película merecía el Oscar al que estuvo nominada como mejor película extranjera. Calificación: 9
Viendo el argumento de este comic de Marvel me extraña lo que todo el mundo ha comentado de la versión cinematográfica de Scott Derrickson (Sinister, El exorcismo de Emily Rose). Claro que la película podría ser mucho mejor, pero también es verdad que tenía todo para ser un desastre absoluto y no lo es. Con la mezcla de espiritismo tibetano, viajes en el tiempo y protagonista pedante que lo sabe todo interpretado por Benedict Cumberbatch, que la peli no sea insoportable tiene bastante merito.
Se nota que los 3 guionistas (Derrickson entre ellos) fueron conscientes de lo absurdo del argumento y decidieron reírse de una trama abracadabrante para hacer al menos un entretenimiento digno. Una producción que con efectos especiales apabullantes (muy en la línea de Origen) lograse una taquilla generosa. Finalmente la película costó 165 millones y logró 677. Una recepción discreta pero suficiente para que el barco aspirase a una secuela. Otra cosa es que los espectadores no saliesen entusiasmados... Pero en un año de clamor popular contra Escuadron Suicida o Batman contra Superman, el Doctor Strange se queda en un olvidable mal menor.
Fue una de las 10 nominadas al Oscar a la mejor película, aún así tardó casi 6 meses en estrenarse en España después de que en Estados Unidos se convirtiese en la película protagonizada por una mujer más taquillera de la Historia del Cine (costó 26 e ingresó 255 millones).
Pocas cosas les gustan tanto a los norteamericanos como las películas basadas en la superación personal de un deportista. Desde Rocky a The blind side, pasando por Hoosiers, Titanes o Camino a la gloria, el cine norteamericano se ha hecho verdaderamente especialista en este género. El mismo director de esta película ya había dirigido la eficaz The Rookie, basada en la historia real del mítico entrenador de béisbol Jim Morries.
Ésta vez la historia (también basada en hechos reales), cuenta la historia de Michael Oher, un joven afroamericano sin hogar que encuentra ayuda y cobijo en una familia blanca, dispuesta a prestarle el apoyo necesario para que pueda triunfar como jugador de fútbol americano y en la vida. Por su parte, Oher también influirá en la vida de los miembros de la familia Touhy.
La diferencia principal de esta película con respecto a otras es que se centra más en la evolución dramática del personaje que en la mejora deportiva. Se presta poca atención al campeonato y se da mayor importancia a la influencia de Michael en una familia que tiene, en principio, de todo. En este sentido Sandra Bullock está sobresaliente en un papel dramático con el que ha ganado casi todo (Óscar, Globo de Oro, etc.), algo que demuestra que es una actriz estupenda cuando se la controla (como es el caso) e insoportable cuando no es así (véase Loca obsesión, por la que este mismo año ganó, merecidamente, el Razzie).
La película se atreve a contar una historia bonita, muy bonita, sin miedo al sentimentalismo, que evita con bastante elegancia. Además la película tiene un buen ritmo narrativo que hace que las dos horas se pasen en un suspiro. Poco más habría que decir: es una película entretenida, que cumple lo que pretende.
¿Y por qué tardó meses en llegar a España? Porque es una película muy norteamericana. Esto hace que las motivaciones de los personajes sólo se entiendan desde la óptica de una familia baptista norteamericana que practican una solidaridad cristiana bastante admirable y silenciosa. De manera sutil vemos como la familia que acoge a Michael tiene unas profundas creencias cristianas que no se subrayan en la película, como tampoco se subrayan en la vida real. Esta manera de reflejar la inquietud religiosa de los personajes es bastante insólita en el cine actual.
Además, la película es positiva y amable sin negar una actitud crítica. Así lo vemos en una de las mejores escenas de la película en el que el matrimonio protagonista se plantea sobre si realmente su ayuda a Michael es lo suficientemente recta o buscan algo más que la felicidad del chico. Este giro hace que la película sea más madura y matizada que la simpleza voluntarista de la mayoría de las películas deportivas.
No es una obra maestra porque hay baches del argumento no bien resueltos a mitad del metraje, varios personajes secundarios poco desarrollados y la música de Carter Burwell (uno de las grandes, sin duda), es redundante y carente de personalidad y emoción. Pero es una película sincera que podía caer en muchas trampas de moralina fácil y sin embargo mantiene con dignidad un discurso interesante y necesario gracias al notable guión del propio John Lee Hancock (el segundo más interesante de su filmografía después del magnífico libreto que escribió para la película de Clint Eastwood, Un mundo perfecto).
Tracy Turnblad (Nikki Blonsky), adolescente gordísima de madre gordísima (un transformado John Travolta) y padre sosísimo (Christopher Walken), tiene un sueño: bailar en “El Show de Corny Collins,” el programa de baile televisado de máxima audiencia de su adorada Baltimore. El problema es que la directora de este show, la malvada Velma (Michelle Pfeiffer), exige que los participantes sean delgados, guapos y blancos que bailen con remilgada decencia. Pero Tracy no se da por vencida y hace todo lo posible por abrir el concurso a los “nuevos tiempos”.
Ahora que Tarantino, Rodríguez y parte de la crítica parecen empeñados en que el cine “cutre”, “gore” y “gamberro” de la doble Grindhouse (2007) ocupe el altar del mismísimo Ciudadano Kane, la llegada este “remake” del Hairspray de John Watters dará mucho de que hablar.
Y es que Watters es posiblemente el director que más éxito cosechó en los años 70 y 80 con comedias inmundas, groseras e irreverentes con toques de originalidad creativa que procuraban golpear las rutinas de un cine “setentero” demasiado anquilosado. Dentro de sus obras destacó la escandalosa Pink Flamingos (1972) y el musical Hairspray (1988), que le hizo convertirse en director de culto para los amantes del cine transgresor (entre otros Pedro Almodóvar).
Con estos precedentes Adam Shankman (director de comedias tan sositas como Doce fuera de casa, 2005, y Se armó la gorda, 2003, y de alguna que otra película interesante como Un paseo para recordar, 2002) realiza un buen “lifting” a la película de Watters manteniendo los elementos divertidos y maquillando los elementos más subversivos de la obra original. Eso sí, dejando que el propio Watters aparezca brevemente (como no, haciendo de exhibicionista en el comienzo de la película).
El resultado es una película de ritmo envidiable, que divierte y entretiene con un elenco de actores en el que sobresale la primeriza Nikki Blonsky. Con apenas 17 años, esta joven actriz borda su papel de simpática rechoncha idealista que baila con un desenfado que divierte y llena una pantalla en la que también se lucen los secundarios (todo el repertorio de jóvenes participantes junto con la casi siempre eficaz Queen Latifah y la surrealista pareja que componen Travolta y Walken).
Aparte, la película tiene unas coreografías brillantes que acompañan muy bien la historia con buenas canciones y un colorista diseño de producción que combina a la perfección con el variado vestuario de Rita Ryack.
Por si fuera poco la película tiene un arranque y un aterrizaje magistrales: un divertido inicio con Good Morning Baltimore y un final de ritmo frenético con You can´t stop the beat!
Fue la película que más lamenté no haber podido ver en el último Festival de San Sebastian. Un año después he entendido la cantidad de premios que le han dado en estos meses. El director es considerado el nuevo Miyazaki, tiene 44 años y ya ha demostrado tener voz propia en películas como 5 centímetros por segundo, El jardín de las palabras o Viaje a Agarta.
Esta historia de amor adolescente a través del tiempo es desde el comienzo un deleite visual y musical. Son bellísimos los paisajes de fondo, las canciones que hacen avanzar la historia, la imaginería en las formas narrativas y la planificación. El guion es un puzzle en el que todo encaja a la perfección con voces en of muy logradas y diálogos maravillosos, poliédricos en su significado.
No resulta extraño que sea la película de animación japonesa más taquillera de la historia con 385 millones de euros ingresados. Your name es universal; capaz de interesar a todo tipo de públicos. Sólo con el arranque ya es para quedar rendido. 3 minutos de prólogo que resumen y anticipan un argumento complejo y fascinante. Una joya.
A pesar de que ganase el Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes, la última película de Xavier Dolan fue una de las grandes decepciones de un certamen decepcionante. La historia de una familia intratable que no sabe amar y respetar ya nos la contó mejor en Mommy. EnSólo el fin del mundo todo es más exagerado y repetitivo, y sólo la mirada de un esplendidoGaspard Ulliel nos saca de una rutina familiar desquiciada y muy poco interesante.
También está Marion Cotillard, que hace verdaderos milagros por intentar hacer convincente un personaje mal escrito, y algunos aciertos visuales de Dolan como ese proceso reducido imprevisible con el Dragostei Din Tei. Un momento mágico de cine que nos hace entrever el gran cineasta que en esta ocasión no ha desarrollado con acierto todo su talento.