No voy a ser original; es maravillosa

Todos los comentarios eran muy positivos en twitter y el trailer de promoción era muy atractivo. Después de ver los 8 capítulos de esta primera temporada de Stranger Things de los hasta ahora casi desconocidos hermanos Duffer, tengo que reconocerlo; es una serie fantástica. Una actualización magnífica del espíritu de la Ciencia-Ficción y cine de aventuras de los 80 que lograron Lucas, Zemeckis, Joe Dante o Tobe Hopper con el patrocinio del maestro Spielberg.



Lo que logró Pau Freixas con Héroes, o J.J. Abrams en cierta medida con Super 8, lo han magnificado estos dos mellizos nacidos en California en 1984. La variedad musical (electrónica, clásica) mantiene su personalidad al no acercarse a las sinfónicas, tan trilladas, de John Williams. Aparte de las brillantes apariciones de canciones de Moby, Peter Gabriel o Joy Division, la banda sonora de los primerizos Michael Stein, Kyle Dixon mantiene viva la magia de la historia y el ritmazo narrativo de las escenas.

Y es verdad que hay lugares comunes con Exploradores, Cuenta conmigo, Los Goonies, E.T. o Poltergeist, pero no es un simple remake. La mayoría de los personajes tienen su interés, entidad dramática y sentido del humor. Todo combinado con una inocencia juvenil y una defensa de la honestidad que no resulta ñoña sino entrañable. Hay amistad verdaderas, conflictos familiares y diferentes procesos de madurez que hacen que la serie crezca hasta un capítulo final apoteósico.

El elenco de actores es natural y creíble, un grupo heterogéneo en el que hay muchas caras nuevas y rostros muy reconocibles como Winona Ryder o Mathew Modine, que les viene muy bien recuperar el prestigio que tuvieron hace décadas.

La mezcla de actores Sólo sobra una concesión al sexo inmediato, criticado en la serie, pero innecesariamente explícito. Por lo demás Stranger Things entretiene, emociona y recuerda al cine que nos hizo volar en bicicleta, conectar musicalmente con alienígenas o descubrir el Santo Grial.

Calificación: 8,5

Hayao Miyazaki: imaginar es volar

Ganó un Oscar, un Oso de Oro en Berlín y un León de Oro en Venecia. Pero sobre todo ha sido un referente fundamental en el cine de animación a la altura de muy pocos: John Lasseter, Walt Disney

Hayao Miyazaki reconocía que no se consideraba un genio innovador sino una persona que intentaba ganarse la vida dibujando. Sin embargo la admiración universal de sus películas no se refleja sólo en la taquilla: los críticos de cine y artistas del séptimo arte también coinciden en considerarle un verdadero maestro.

Hayao Miyazaki nació en Tokio en 1941, un momento crucial de la historia de su país. Japón estaba inmerso en la Segunda Guerra Mundial mostrando al mundo su poderoso avance tecnológico, especialmente llamativo en su ejército aéreo. El tío de Miyazaki era dueño de una compañía y el pequeño Hayao vivió una infancia muy marcada por la fascinación por volar.


Esta afición es muy visible en su filmografía. Nausicaä del Valle del viento, El castillo en el cielo, Nicky, la aprendiz de bruja, El castillo ambulante, Porco Rosso o la que en principio será su última película: The Wind Rises, tienen una localización común: un cielo azulado claro con viento moderado y nubes blancas.

Para Miyazaki la animación es el arte de imaginar lo imposible: gatos que sirven de autobús, personajes que se convierten en animales, espacios y tiempos que juegan a no ser convencionales sino ingeniosos. Quizá por eso su cine no sea tan accesible como el de Pixar.

Tan lejos, tan cerca

Una película como El viaje de Chihiro (ganadora del Óscar a la mejor película de animación en 2003), no es una obra sencilla ni para niños ni para adultos. Aún siendo una de las películas de habla no inglesa más taquilleras de la historia del cine (hace poco superada por la francesa Intocable), no resulta una experiencia fácil de disfrutar. Hay demasiada complejidad visual y argumental, demasiada creatividad condensada para poder ser asumida sin una preparación previa.

Este cierto hermetismo resulta desconcertante en un autor que colaboró en series de anime que triunfaron en todo el mundo como Sherlock Holmes, Marco o Heidi. Pero en el momento en el que Miyazaki tuvo el control sobre sus películas (y en su caso se trata de un control exhaustivo, agotador, que le lleva a escribir, dirigir, hacer los storyboards, etc), el salto al vacío empezó a ser una práctica habitual en su narrativa.


Dentro del anime japonés, Miyazaki ha optado por un cine delicado y profundo, bellísimo en sus colores luminosos, bondadosa y nostálgico con un sentimentalismo sencillo y elegante que pretende llegar a todo tipo de públicos. Un cine muy alejado de la violencia característica y el pesimismo existencial de gran parte del anime y el manga más exportado (Akira, Bola de Dragón, etc).

Sus dibujos de definición imperfecta y un 2D irrevocable tienen una belleza muy singular. Los personajes expresan un optimismo vital que supera grandes gestas apoyados en una Naturaleza que a veces parece peligrosa, pero en realidad siempre tiene un perfil amable. Son numerosas las escenas en que un personaje se acerca a una criatura maldita confiando en su bondad natural. “No es peligroso, simplemente tiene miedo”, dice Nausicaä, una de las heroínas de Miyazaki (habitualmente femeninas).

La princesa y el compositor

Desde que en 1979 estrenase su primera película (El castillo de Cagliostro), Miyazaki ha dirigido 11 películas en 34 años. Un punto claro de inflexión en su carrera fue en 1997 cuando presentó La princesa Mononoke, su película más oscura y más cara (más de 100 millones de dólares de presupuesto). Miyazaki contaba con el apoyo en la música de su compositor oficial Joe Isaishi. Este colaborador habitual también de Takeshi Kitano, y responsable de una de las partituras más sugerentes de los últimos años (la compuesta para la película ganadora del Óscar a la mejor película extranjera en 2008: Despedidas), es uno de los grandes responsables de la magia del mejor cine japonés.


Con La princesa Mononoke empezó a considerarse a Miyazaki no sólo un artesano ingenioso sino un renovador del cine que empezó a tener eco en festivales de todo el mundo con una historia que aunaba épica y romanticismo. La película fue un éxito en taquilla dentro y fuera de Japón y facilitó el acercamiento de Occidente a sus obras maestras previas como Mi vecino Totoro (1988). Este espíritu del bosque es el logo de los estudios Ghibli que junto con Miyazaki dirige su amigo y mentor Isao Takahata (creador de verdaderas obras maestras de la animación como La tumba de las luciérnagas).

La admiración que los grandes genios de la industria de animación norteamericana tienen por la creatividad del cine de Miyazaki no ha hecho más que incrementarse con el paso de los años. Actualmente Walt Disney distribuye las películas de Miyazaki fuera de Japón y el líder de Pixar, John Lasseter, considera al dibujante nipón una de sus principales influencias. Tanto es así que en uno de sus grandes películas (Toy Story 3) incluyó a Totoro como uno de los peluches del protagonista. (en realidad este juguete ha sido la joya de la corona del merchandaising del Imperio Ghibli).

El viento que se llevó a Miyazaki

La edad, el excesivo trabajo y una ceguera progresiva han hecho que Miyazaki se retiró con una película que se pudo ver en festivales como Venecia, San Sebastián o Sitges. The Wind Rises es una película crepuscular basada en un comic del propio Miyazaki. En ella se recuerda la vida del famoso diseñador aeronáutico italiano Caproni. En esta obra se recogen los grandes elementos de su cine: la fascinación por volar, el mundo contradictorio japonés, creativo y destructor, capaz de vivir grandes sueños y sufrir culminantes tragedias.


Pero sobre todo en la película hay mucho viento: el que mueve las nubes, provoca olas salvajes, despeina a los personajes que miran desde la ventanilla de un tren como su vida no será la misma después de ese viaje. Algunos decían que John Ford era un tipo con suerte porque hasta el viento se aliaba a su favor en los rodajes. Algo desmentido entre otros por Mauren O´Hara que explicaba que el director norteamericano mandaba poner ventiladores ajustados para que el viento fuese un elemento dramático más.

No es la única similitud entre Miyazaki y Ford. A ambos les apasiona el uso del paisaje como instrumento artístico y el humanismo entrañable que reflejaban en sus personajes. Ambos tienen una fama de auténticos dictadores intratables compatible como una intuición artística de indudable genialidad. Pero sobre todo, estos maestros marcan un antes y un después en la historia del cine.

Bogdanovich y la segunda fila de genios del cine

Cada libro y cada película de Peter Bogdanovich (Nueva York, 1939) es un homenaje al cine. Como director recibió ocho nominaciones a los Oscar por La última película (1971), segunda obra de su filmografía que continuó con dos películas con las que alcanzó gran popularidad: ¿Qué me pasa doctor? (1972) y sobre todo con Luna de papel(1973). A partir de entonces su carrera como director ha sido muy criticada (a pesar de realizar algunas películas tan interesantes como Esa cosa llamada amor), a la vez que su labor como escritor ha sido cada vez más valorada.

En el primer volumen de El director es la estrella incluía entrevistas a los directores que tuvieron mayor libertad creativa en los etapa dorada de Holllywood: Hitchcock, Capra o Wyler. En esta segunda parte los protagonistas son directores que lograron un estilo personal con un mayor control de los productores. No eran los artistas más reconocidos de la industria, pero aún así lograron una filmografía muy influyente. Entre ellos están Sidney Lumet, Robert Aldrich, Otto Preminger, George Cukor, Edgar G. Ulmer, Leo MacCarey o Don Siegel.

Bogdanovich entrevista desde la admiración, de manera simpática y atrevida. Se nota que ha sido director y que sabe de lo que habla. Sorprende el conocimiento que tiene de la filmografía completa de cada uno de los directores, algo que en muchos casos conmueve a los entrevistados. En algunos casos quizás el repaso de algunas de las primeras y desconocidas películas de estos directores sea algo exhaustivo. Sin embargo, Bogdanovich lo considera esencial para entender mejor al artista, y también para reivindicar títulos que forman parte de los comienzos de la Historia del Cine.

La entrevista de Leo MacCarey es probablemente la más interesante. A pesar de que este director irlandés y divertido, responsable de grandes películas como La pícara puritana, Sopa de ganso, Siguiendo mi camino o las dos versiones de Tú y yo, responde desde una cama de hospital, la entrevista es muy amena y clarificadora. Según Bogdanovich en ella se encuentran los momentos más divertidos del libro. “Le conocí en noviembre de 1968, en la habitación de un hospital de Santa Monica, un año antes de morir. Aún en esas circunstancias entendí porque decían de él que era uno de los hombres más ingeniosos de la industria del cine y uno de los mejores oradores”.

El director es la estrella (Volumen 2). Peter Bogdanovich. TyB Editores, 2008. 288 páginas

"Happy Valley" (2ªT): Más y mejor

Ya era una serie interesante pero tenía el problema de que algunos giros eran poco verosímiles. En la 2ª temporada los personajes secundarios cobran más importancia y las tramas se multiplican sin que se pierda el hilo de cada una de ellas. Hay escenas divertidísimas en su cercanía y costumbrismo, como la conversación entre Catherine y una croata recién liberada de una red de prostitución traducida por una anciana intérprete.

La ventaja de una serie así es que todos los personajes tienen tanto margen de crecimiento que la ampliación de nuevas temporadas no es forzada, sino necesaria. Me sigue fascinando el personaje de  Tommy Lee Royce (interpretado por James Norton, que recientemente ha sido Andrei Bolkonsky en otra serie sobresaliente de la BBC; Guerra y Paz). Y por supuesto la protagonista; una mujer generosa y valiente que sobrevive de desgracia en desgracia.

Calificación 2ª temporada: 8,5

"The Homesman": Un western muy personal

Fue portada de Fila Siete hace unos meses y tenía toda la pinta de ser una película con recorrido. De esas que todo el mundo está de acuerdo en considerarla una obra grande. No nos sobran los western modernos con sello propio en estos días así que viene muy bien un título así.



Vista la película, me he quedado con una sensación extraña. Hay un puñado de escenas, sorpresas y gestos de un western de los grandes. Ya la historia de una diligencia compuesta por un ex presidiario, una soltera a la que nadie quiere y tres locas atadas es todo un acierto. La película no deja que el espectador vaya por delante porque es imposible prever muchas de las cosas que suceden.

Sin embargo The Homesman tiene baches, escenas y diálogos que desconciertan más que perfeccionan a la historia y los personajes. Sobre toda la historia hay una atmósfera crepuscular demasiado oscura y deprimente en la que apenas hay algún matiz que redima a los perdedores protagonistas. Y el final es muy arbitrario e insuficiente, casi tanto como el mínimo e innane personaje interpretado por Meryl Streep.

Tommy Lee Jones maneja a la perfección una planificación cuidadísimas con un rodaje en exteriores modélicos.  Por otro lado los actores están formidables en personajes con mucho desarrollo y la música de Marco Beltrami es bellísima.

Podría ser uno de los mejores westerns modernos junto con Silverado de Lawrence Kasdan o Sin perdón de Clint Eastwood.

Calificación: 7´5/10

El retorno de "Los siete magníficos"

Se estrena el 30 de septiembre este remake de Los siete magníficos, la película que John Sturges dirigió en 1960 con Yul Brynner, James Coburn, Charles Bronson y Steve McQueen de protagonistas.

Esta nueva versión está dirigida por Antoine Fuqua, que tiene películas de acción tan entretenidas como Training Day, Shooter y Objetivo a la Casa Blanca. El reparto está encabezado por el inmortal Denzel Washington, Ethan Hawke y Chris Pratt. James Horner ha compuesto la banda sonora y el guión lo han escritos tres grandes escritores: Nic Pizzolato (True detective), Richard Wenk (Los mercenarios 2 y 16 calles), John Lee Hancock (Un mundo perfecto, The Blind Side).

Veremos que da de sí esta nueva reconfiguración de Los siete samurais de Akira Kurosawa en la que se basaba la película original de John Sturges.

"Tres fugitivos": Los inicios de Francis Veber

Cuando eramos pequeños todos teníamos películas bucle que veíamos una y otra vez. Yo tuve varias, pero una que recuerdo con especial de Tres fugitivos del director y guionista francés Francis Veber (La cena de los idiotas, ¡Qué te calles!).

Martin Short y Nick Nolte hacían una pareja divertidísima y antagónica y hay varias escenas logradísimas: el atraco con una media en la cabeza que se rompe a mitad de faena, el falso embarazo que imita el travestido atracador. Una de esas comedias para todo tipo de públicos que continúa funcionando bastante bien.

Calificación: 7,5/10



Tres supervillanos en forma de Joker

No sé si el Joker de Jared Leto de Brigada Suicida será muy sugerente. Desde luego el trailer es hábil, aunque tengo grandes dudas que David Ayer no se haya dejado llevar por la corriente Kick-Ass de hacer una película de superhéroes para adultos llenando el guion de zafiedad bruta y repetitiva.



De todas formas Jared Leto no lo tiene nada fácil. Cuando parecía que Jack Nicholson iba a ser el Joker definitivo: juguetón, bailarín y divertido a la vez que cabrón, Heath Ledger se sacó de la manga un supervillano aún más inteligente y cruel, incluso más filosófico.



He recuperado dos escenas emblemáticas de Ledger en El caballero óscuro. Hay que recordar que Christopher Nolan rueda las grandes escenas de acción una sola vez. Es decir, lo que explota en pantalla ha explotado en la realidad. Sí, parece increíble pero es así. Nada de pantalla verde; selecciona unos edificios, un estadio de rugby en la India o un gigantesco trailer y los hace volar en mil pedazos. Evidentemente la escena no sólo tiene riesgos para los actores y extras, sino también la enorme responsabilidad del actor en bordar la primera y única toma. Por eso el trabajo de Ledger, junto con su voz, su mirada enloquecida y su sonrisa histriónica es irrepetible.



La adicción como fuente de inspiración

Desde que en 1971 William Friedkin ganase 5 Oscar (entre ellos mejor película) por The French Connection, contra el imperio de la droga, el cine y la televisión se han hecho eco de una de las grandes misiones imposibles de Estados Unidos: la lucha internacional contra el narcotráfico. 

Películas como Traffic de Steven Soderbergh (2000), Tropa de élite 1 y 2 (José Padilha, 2007 y 2010), María, llena eres de gracia de Joshua Marston (2004) y series como The Wire (David Simon, 2002-2008), Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008-2013) o la reciente Narcos (José Padilha, 2015-2016) han compartido la excelencia a la hora de desarrollar un argumento tan poliédrico y universal.

"La cabaña del bosque"; Whedon impone su estilo

A estas altura de la película Joss Whedon tendrá que admitir que siempre será el director de Los vengadores; la 5ª película más taquillera de la historia (más de 1500 millones de dólares ingresados). Todo lo que haya escrito o dirigido antes y después tendrá escasa relevancia. Aunque dudo que esto le guste al creador de series como Dollhouse o Buffy, el cazavampiros, y escritor de películas como Titan A.E. y el primer Toy Story.



Joss Whedon es ante todo un tipo descerebrado que busca sorprender y no dejar indiferente a ningún espectador. Y lo consigue con bastante frecuencia. Con el guion de La cabaña del bosque revisa el cine de terror ochentero en clave paródica, muy al estilo de la desternillante y, en mi opinión superior, Scream 4. La historia es arquetípica: 4 jóvenes, una cabaña, sustos. Pero Whedon le añade elementos que van desde Wes Craven a Los Juegos del Hambre, El Show de Truman y Monstruos S.A.

A este arriesgado cocktail hay que añadirle el flirteo tarantiniano con el cine zafio y gore, y hay que reconocer que a Whedon se le va la mano en varios escenas realmente desagradables. Por otro lado al primerizo y hasta ahora televisivo director Drew Goddard no acaba de equilibrar la película en el montaje final y el ritmo decae a mitad de metraje. Sin embargo la parte final recupera el humor y la originalidad perdida, quedando así una película entretenida, a ratos excesivamente salvaje, pero sin duda una propuesta diferente.

Calificación: 7/10

Fantas-MIKOS

En la historia de Youtube este trailer es el que ha obtenido el record absoluto de comentarios negatrvos. No es para menos. Los que crecimos en los 80 con Harold Ramis, Bill Murray o Dan Aykroyd haciendo de cazafantasmas y Sigourney Weaver de la "mujer de rojo" adoramos esa película por ellos, por el buen hacer de Ivan Reitman, por la banda sonora... Y todos estos ingredientes ya no estarán. En cambio la propuesta la dirige un director conocido por la zafiedad de sus comedias y unas actrices que entrarían también en el perfil de humor grueso.

Juzgar vosotros mismos. La película ha costado la friolera de 140 millones de dólares. Y tiene una pinta horrible...

"Shadowhunters": Fantasía de laboratorio

Clary Fray, adolescente, mona y pija que en el día de su cumpleaños descubre que tiene poderes heredados de su madre para combatir junto a los ángeles contra criaturas malignas que invaden el planeta. La serie está basada en una saga literaria que al parecer han tenido mucho seguimiento juvenil.

Si el argumento suena a otra historia más de seres especiales que les salen rayos de colores de los ojos, vuelan y desaparecen, el desarrollo de esta serie es aún peor. Ningún personaje tiene un mínimo atractivo personal más allá de la belleza física porque los diálogos y las tramas se enredan en trucos, leyendas y cazas convencionales y grises.

El director es McG, que viene del mundo del videoclip y que ya ha demostrado su incompetencia como narrador visual en las dos partes del remake de Los ángeles de Charlie o Terminator Salvation. El reparto lo componen guapos y guapas de series de televisión que intentan no parecer muy desconcertados con un guión en el que hay muy poco talento.

La colección de monstruos cefalópodos mitad calamar-mitad gremlin es verdaderamente cómica. Humor involuntario del bueno.

Calificación: 5/10

Series de TV con Matrícula de Honor

Breaking Bad; Walther White será para siempre uno de esos personajes intemporales, una personificación de todos los males de la sociedad contemporánea. Y ya no les digo su mujer, su socio, su abogado, su cuñado, el gran jefe del narcotráfico que se atreve a competir con Walter White.




Fargo; La primera temporada fue buenísima y la segunda es aún mejor. Parecía imposible igualar el nivel de la película de los Coen. Pero lo han logrado. Una serie inteligente, divertida y de una imaginación desbordante.



Mad Men; El sueño americano en una copa de whisky a primera hora de la mañana. Wilder, Hitchcock y Hawks en una serie del siglo XXI. 7 temporadas en las que es muy difícil decir cuál es la más necesaria.







The Jinx; El documental vive una era dorada y esta serie lo demuestra. Una investigación sobre un personaje que elige al director y guionista que cuente la verdad. 6 capítulos que te mantienen pegado a una historia que parece irreal de lo compleja e inteligente que resulta. 



"The Conjuring 2": Una secuela aún mejor

James Wan ha metido la pata en varias ocasiones. La última de ellas fue con Fast & Furious 7, un desastre de peli que sin embargo es la 6ª más taquillera de todos los tiempos. Pero donde el director de Malasia está logrando mostrar su talento es en genero de terror de espíritus y demonios. The Conjuring 2 le costó 40 millones y ya lleva casi 300 millones en todo el mundo. Con presupuestos bajos este director se ha convertido en el nuevo Rey Midas de Hollywood.

Esta secuela es aún más dinámica, arriesgada y tiene mejor historia y personajes que la precedente. Los Ealing, una familia que acaba de ser abandonada por su padre se traslada de casa a una más grande y antigua. La madre y sus 4 hijos empiezan a sufrir ataques paranormales de intensidad creciente que durarán desde 1977 a 1979.



El secreto de Wan es que cuida los tiempos y los detalles, sorprende con sustos en momentos poco previsibles, mima la descripción de los personajes, las referencias religiosas... Qué diferencia entre las últimas películas de terror de James Wan y los blockbusters gore y agnósticos que son como una plaga del cine actual. Las dos horas y cuarto que dura The Conjuring se te pasan volando gracias a que no hay algo que contar más allá de las apariciones de espíritus.

Vera Farmiga y Patrick Wilson vuelven a demostrar que son insustituibles en estas películas. La serenidad y credibilidad que aportan a sus personajes es dificilísima porque todo lo que les sucede es paranormal y exagerado, difícilmente expresable en gestos que no resulten ridículos. Y la selección de los niños es impecable, especialmente de la adolescente Madison Wolfe que asume el papel de la niña del exorcista del siglo XXI con una caracterización estupenda.

Por último hay que agradecer a James Wan que trate con tanto respeto y profundidad a los exorcistas y la religión católica. Estamos hartos de ver licencias imposibles y faltas de respeto a un tema tan sensible como éste en muchas películas de terror que juegan a ser científicas con un toque irónico tan frívolo como muy poco inteligente.

Calificación: 8/10

Una historia y un director de Champions

La historia de Francisco Paesa es un bombón para cualquier director de cine. La realidad multiplica la ficción más osada con servicios secretos de todo el mundo, secuestro, extorsión y miles de millones circulando en torno a El hombre de las mil caras.

Alberto Rodríguez tiene la difícil labor de no bajar uno de los listones más altos de la edad de oro del cine español que actualmente disfrutamos. Después de Grupo 7 y La isla mínima, al director sevillano se le pide la excelencia. Y una historia como la de Francisco Paesa es un material de primera.

Eduard Fernández, José Coronado, Marta Etura, Pedro Casablanc y Carlos Santos componen un reparto a la altura de las circunstancias. La película se estrena el 23 de septiembre. Justo a tiempo para poder entrar en la Sección Oficial del Festival de Cine de San Sebastian. Ojalá.

El gran teleñeco y la la niña mutante

Había oído comentarios distantes de su paso por Cannes, pero la última película de Spielberg es peor de lo que imaginaba. Tenía todo para ser uno de esas películas de fantasía encantadoras del director de E.T. o Indiana Jones, un regreso a un estilo que él mismo creó y que fascino en los años 80. No ha sido así. Para mí es una de las peores películas de Spielberg junto con Lincoln y 1941.  



Mi amigo el gigante es plana y previsible desde la primera escena. Para empezar, la niña que se ha escogido no le cae bien a la cámara y su interpretación es teatrera y gesticulante. Un gran problema porque ella y el gigante soportan todo el peso de la película. Mark Rylance (maravilloso en El puente de los espías),"interpreta" de alguna manera al gigante bobalicón que se equivoca mil veces al pronunciar las palabras (un recurso utilizado hasta la saciedad en otras películas y que no tiene ninguna gracia en mayores de 7 años). Su fisonomía está tratada digitalmente con una animación que le deja un rostro muy poco expresivo, coherente con los pobres parlamentos que le toca malpronunciar.



Ningún personaje tiene algo de magia en lo que dice y hace, y todo queda en un teatrillo de gigantes idiotas y una niña que parece inhumana porque ni siente ni padece. Hay mucho color y mucho efecto especial pero la atracción no tiene vuelo ni motor narrativo. Es como sí el director fuese el peor Zemeckis del cine de animación en 3D (Polar Express, Beowulf).

Por si fuera poco, la banda sonora de John Williams no nos deja ni un segundo de respiración. Algo que es especialmente agotador al tratarse de una de esas composiciones rutinarias del músico más galardonado de la Historia del Cine.

La película ha costado 140 milllones de dólares y en Estados Unidos apenas ha ganado 40 en su primera semana de estreno en Estados Unidos. Y no lo va a tener fácil para competir en cartelera con Jason Bourne, Mascotas o Buscando a Dory.  

Calificación: 3/10 

BSO de "La isla mínima": el sonido de las marismas

Julio de la Rosa es el compositor de todas las películas de Alberto Rodríguez (Grupo 7, After, Siete vírgenes). En La isla mínima ha logrado su mejor trabajo con una música que logra un atmósfera de tensión que se puede cortar. Dice el director sevillano que “la banda sonora es potentísima, muy ambiental. En determinados momentos la música se fusiona con el sonido de los pájaros, los grillos o las chicharras. A veces incluso bajábamos la música para que fuese casi imperceptible”.

Estas palabras de Alberto Rodríguez cobran especial importancia desde el comienzo de la película. Los planos aéreos de las marisma van cobrando vida con un tenue sonido de tensión de cuerdas, un tambor… Esa cadencia de ritmos recuerdan a las bandas sonoras del argentino Gustavo Santaolalla (Brokeback Mountain, 21 gramos, Babel).


Dice Julio de la Rosa que esta es “la banda sonora más larga que ha compuesto para una película de Alberto Rodríguez, y también en la que la música está más escondida. En ningún momento cesa y aunque se escuche sólo por debajo te va llevando y engañando”.

La combinación con música sintetizadora también es muy acertada, dando esa sensación de pesadilla que está a punto de llegar a su punto de máxima intensidad. Como buen cine negro, La isla mínima juega con la música para centrar el interés en el drama de los personajes, simbolizado también por los parajes encharcados y soleados con tonos grises y marrones. Aunque hay algunos temas musicales de persecuciones y trepidación que son eficaces, la personalidad de la banda sonora se adquiere especialmente en los tramos más serenos del score.


Para la ambientación de la época resulta fundamental el uso del clásico de las discotecas de los 70: Yes sir, I can boggie del dueto español Baccara. Una música que transmite con mucha precisión la banda sonora de los años de la transición, en que se empezó a fraguar la movida.

"Derecho de familia": Humanismo argentino

El cine argentino goza desde hace varios años de una salud envidiable. Películas como Nueve reinas, El hijo de la novia, El sueño de Valentín, Kamchatka, Tiempo de Valientes, El secreto de sus ojosDías de vinilo o este Derecho de familia (2006) de Daniel Burman se han ganado la simpatía de un público y una crítica cada vez más internacional. 

Derecho de familia es una película que va de aquí para allá contando pequeñas historias que parecen algo deslavazadas unas de otras, pero que tiene una unidad clara: la familia Perelman. En torno a este matrimonio joven, ambos trabajadores y con un hijo de 3 años surgen diferentes conflictos: familia-trabajo, libertad-compromiso, herencia-personalidad… El tono sencillo de la cinta junto con la sobresaliente interpretación del matrimonio protagonista hace muy cercanos a los personajes.


Entre los contenidos extra del DVD se incluye una buena entrevista a Daniel Burman. Es una selección de respuestas ágiles que hace ver como estamos ante un director que tiene cosas que contar, que no sólo intercala viñeta tras viñeta de manera más o menos divertida. La entrevista se va intercalando con escenas de la película que ayudan a entender el significado que tienen algunas de las múltiples historias que a modo de “flashes” incluye la película.


Después de ver esta entrevista la película, algo dispersa en su variedad de historias, gana peso y relieve. La familia deja de ser un simple contexto para convertirse en un verdadero protagonista tan universal como poliédrico, que hace reflexionar al espectador. 

"La bruja" que no me hechizó

Una película de terror se juega el todo o la nada en los últimos minutos del partido. Y mi impresión de La bruja, opera prima de Robert Egges que ganó el premio al mejor director en Sitges, es que finalmente pierde. En cuanto a planificación y fotografia la película es sobresaliente, pero el guión reincide agotadoramente en la visión culpable del obseso de la religión radical y tremebunda que ve pecado, brujas y hechizos en todas partes.

Alguno la ha comparado con El bosque, una de los mejores películas de Shyamalan. Y no tiene nada que ver. Ni en la forma ni en el fondo. La bruja nunca deja de ser oscura, ocre y deprimente. Todos los personajes están atormentados y apenas hay algún color o registro distintos de los clichés medievales oscurantistas.

La hora y media de película se me ha hecho larga porque navega en constante punto muerto. Los actores están bien escogidos y hacen un buen trabajo, pero me resulta muy difícil preocuparme por estos seres tan crueles, alienados e incomprensibles. Lo mejor es la utilización del fuera de campo y el cambio de voces de los personajes que es realmente siniestro. Y que la película ha costado 3 millones y medio de dólares (muy bien aprovechados) y ha ganado 40 en todo el mundo.

Calificación: 6/10

"Que Dios nos perdone": Madrid nos mata

El director que a mí y a muchos nos dejó asombrados con Stockholm estrenará el 28 de octubre una película de género. Se sitúa en Madrid en agosto de 2011. La ciudad se abrasa con el sol y las masas de jóvenes que vienen a la JMJ a ver a Benedicto XVI, y los del movimiento 15M que muestra su enfado con el sistema político ocupando literalmente la Puerta del Sol.

Pude estar en la presentación de este trailer en el último Festival de Málaga con su director Rodrigo Sorogoyen y los dos protagonistas. Me prometieron que la película tiene trepidación, pero también personajes y una trama inteligente. Y me fío mucho de ellos. Son 3 de los principales motivos para confiar en que aún le quedan muchos años de gloria a la edad dorada del cine español que vivimos actualmente.

La película podría ser presentada en el próximo Festival de Cine de San Sebastian. Ojalá sea así. El director y los actores lo merecen y siempre se agradecen películas tan poco festivaleras como ésta.

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