“Sugar Man” en los tiempos que corren

Qué miedo me dan las expectativas, los comentarios entusiastas, las frases en los carteles de las películas… Hacía tiempo que escuchaba todo tipo de elogios sobre la ganadora del Oscar al mejor documental de este año: Searching for Sugar man. Era fácil que con estos prolegómenos me temiese la típica insatisfacción del “tampoco era para tanto”.

Esta vez no. Sí, es para tanto. Un documental de un personaje anónimo que te deja varios días pensando sobre la fama, el arte que no se chilla, que no sale en las portadas, pero que está ahí, triunfando a su manera. En los momentos que corren para el cine y la música, que este documental haya lograda más de medio millón de euros en la taquilla española, y que el protagonista haya dado un concierto en Barcelona ante más de 5000 espectadores es una gran noticia.

El protagonista es uno de esos personajes que te llenan una película con su presencia silenciosa. Una de esas joyas que no hay que perderse del cine de este año.

Calificación: 8´5

Un ejemplo a seguir

No me daba muy buena espina. Todo lo que rodeó a Sor Maria, la monja imputada por el caso de los bebés robados en los años 80 en Madrid, olía a ese hambre insaciable de los medios en carnaza basura de oferta. Siendo además Telecinco la cadena que emitía la miniserie Niños robados temía lo peor. Pero me habían llegado comentarios positivos y me he atrevido a entrar en un mundo cruel de madres solteras, avaricia y bebés trasladados de regazo en regazo como mercancía ligera.

Ya para empezar la serie me pone muy a favor al tener actrices estupendas como Adriana Ugarte, Nadia de Santiago (un descubrimiento reciente en Ali), Macarena García (qué decir de esa mirada en Blancanieves), Blanca Portillo (en un papel temible: Sor Maria, un personaje malvado con más contrastes y matices de los que esperaba). Incluso está la mítica presentadora Belinda Washington (muy solvente haciendo un papel contrario a su simpatía natural). También hay actores secundarios con mucho talento como Diego Martin, uno de esos actores que siempre te cae bien, que te crees lo que te dice, y Emilio Gutiérrez Caba, desarrollando su rol habitual de malnacido existencial.


Pero sobre todo lo que me gusta de esta miniserie es el guión de Helena Medina, que ya hizo un trabajo muy hábil en 23-F: El día más largo del Rey. Agradezco el tono medido, el que haya contención en lo que no deja de ser un culebrón policíaco. Hubiese sido muy rutinario encontrarse con un dibujo simplista y maniqueo, otro ajuste de cuentas a la España de Franco que aún coleaba en los años de la Transición, y a la Iglesia Católica como nave nodriza de monjas asesinas, curas cómplices y fieles perversos que como te descuides te envenenan con agua bendita.

En Niños robados hay mucha verdad porque hay un intento de meterse en la piel de todos los personajes, de darles un cierto recorrido, de ofrecer contrapuntos. En este sentido la agria Sor María también se ve como un personaje atormentado, impulsada por el doctor Mena. 

Y sobre todo se ve a una monja en frente, Sor Herminia, que sin dejar de ser monja, rezar, dedicarse a los pobres, quiere buscar la verdad sobre los bebés robados y ayudar a las madres solteras. El retrato de esta religiosa es conmovedor y tiene un peso esencial en el guión. Un equilibrio necesario para mostrar algo evidente: hay miles de monjas anónimas que llegan a la pobreza más absoluta, dan luz donde no hay más que olvido y desesperanza… Ya, me dirá algún productor televisivo, pero eso no vende. No estoy de acuerdo. Niños robados ha sido todo un éxito poniendo como una de las protagonistas a una monja ejemplar como Sor Herminia. No tan simpática como Gracita Morales en Sor Citroen o la espabilada Whoopy Goldberg en Sister act, pero sí tan entrañable y sincera.

Además esta serie tiene una música reiterativa pero eficaz, un dramatismo de miradas, más que de lágrimas, de sugerencias en los diálogos más que de gritos en salas de espera. Y por si fuera poco el segundo capítulo es aún mejor que el primero. En total casi tres horas de muy buena televisión nacional. Esperemos que la plaga siga extendiéndose.

Calificación: 8


"El mundo es nuestro": dvd redemption

En el último Festival de Málaga dejé de ver una peli importante. No estaba en la Sección Oficial pero lo merecía. Es una comedia sevillana disparatada, muy divertida, bien contada y desarrollada. Y es de esas que debería ser obligatorio verlas en un cine en Málaga, Cádiz o Granada (el efecto de la risa se multiplica).

Le sobran un par de grados de sobreactuación, algún chiste fácil en la segunda mitad... Pero es una comedia grande que recuerda en algunos momentos a Berlanga, con toda esa gente en el banco tomando bocatas envueltos en papel de plata. Una de las joyas que puedes recuperar en dvd.




La ficción española también se crece

El momento grande del cine español que vivimos desde hace años se acerca cada vez más a la televisión. Hasta ahora nuestras series eran las más vistas (Águila roja, La que se avecina, Cuéntame), pero no eran ni mucho menos las mejores. Sin embargo cada vez hay más títulos nacionales en televisión de una gran calidad que además puede presumir de no perder espectadores.

El primer capítulo de Tiempo entre costuras, la adaptación de la exitosa novela de María Dueñas, logró 5 millones de espectadores en Antena 3 superando en audiencia esa misma noche a Isabel (otra gran serie, que no baja de los 3 millones de seguidores en directo). Brillan especialmente en la serie la adaptación fidelísima de una buena novela (a veces hay párrafos casi idénticos en el guión y el libro), Adriana Ugarte, Raúl Arévalo, la fotografía, la producción, la música…

Esta serie tiene componentes de varios géneros: romántico, histórico, policiaco. La historia se enmarca en los inicios de la Guerra Civil desde una perspectiva diferente; la protagonista vive el desastre fratricida desde Tánger. Sin duda Tiempo entre costuras está llamada a marcar una cima en la televisión española.

“Downton Abbey” (4ª temporada): Bendita la luz

Las series de televisión están en su momento de pasarela. Comienza el curso y el regreso de las ficciones televisivas más interesantes. Una de ellas es Downton Abbey, que ya va por la 4ª temporada, la última de Julian Fellowes como guionista (aunque la serie continuará, lo que no sabemos es cómo).

El primer episodio de esta nueva etapa despeja dudas: continua la excelencia, el detallismo de los planos, los diálogos exactos y sobre todo esa bendita luz que ilumina a cada personaje. En especial a Maggie Smith, que ha dejado de ser la abuela anfitriona; ahora es la Reina Madre del Imperio Británico.

Hay que aceptar las reglas del juego; estamos ante un culebrón de 5 estrellas, arte follletinesco de 1ª línea. Así acabó la tercera temporada, así empieza esta nueva etapa de la verdadera joya de la corona inglesa.

“Homeland” y “Breaking Bad”: unos que vienen…

Acabó Breaking Bad. Bueno, está acabando. Pero ya sabemos el final. No hay que preocuparse; mis labios están sellados. Y además no hay nada nuevo que decir. Es como que Leo Messi marque un gol: se ha convertido en rutina. Lo de la serie de Walter White es parecido. Hace años que se instaló en las cinco estrellas y ahí seguirá por mucho años.
 
Una serie que más que enterrarla habrá que embalsamarla. ¡Tampoco será para tanto! Tiempo al tiempo, pero no veo nada fácil superar a la serie de Vince Gilligan.



Se nos va Breaking Bad pero no dejan de volver series a modo de antídoto contra la nostalgia. Siguiendo a la espera de la tercera de Sherlock, acaba de regresar Homeland; la serie más premiada y comentada de los últimos años. Ha empezado con fuerza. Acabó de manera trepidante la segunda temporada y ha regresado con esa calma tensa que tanto fascina.

Me sigue sobrando el desquicie sexual de la protagonista (que esta vez es bochornoso, apenas un par de frases con el anónimo de turno), que no aporta nada en una serie muy significativa en casi todo lo que nos cuentan. Pero el resto es un gran comienzo. Una de esas series que no hay que perderse por demasiados motivos.



“Elysium”, “Oblivion” y el peligro de las tres estrellas

Tenemos un problema. Esto de la crítica de cine y las estrellas que se utilizan para calificar una película nos lleva con frecuencia a un territorio común: el planeta de las 3 estrellas. Ese lugar en el que mandamos a muchas películas con la idea de “no está mal”, aunque en el fondo lo que se entiende es que “no está bien”. En esa categoría están dos películas de ciencia ficción recientes: Oblivion y Elysium. No son dos obras maestras, pero tienen ambición, talento y un sentido del espectáculo notable.

Oblivion es del director de Tron: Legacy. Pero es mucho mejor que Tron: Legacy. Kosinsky mantiene la imaginería visual de su anterior película, algo más sencilla y eficaz esta vez, pero sube su marca individual contando con el apoyo de actores (Tom Cruise, Kurylenko, Melissa Leo) y guionistas de primera (entre los tres escritores del libreto está Michael Arndt: Pequeña Miss Sunshine, Toy Story 3). Le falta claridad narrativa y algo más de matiz a los personajes, pero la película es muy dinámica y medianamente reflexiva.

Elysium era una de esas peligrosas segundas películas de un jovencito genio que había entusiasmado con su opera prima (District 9). Ésta vez con un presupuesto más holgado (120 millones, cuatro veces más de lo que costó su anterior película), un pedazo de actor como Matt Damon de protagonista y una secundario maléfica de lujo como Jodie Foster, este director africano nos vuelve a sumergir en un clima radioactivo, en un futuro sucio e inhumano. 

La película brilla en muchos momentos y es trepidante de principio a fin. Echas de menos un par de vueltas al guión, ya que faltan matices, diálogos más elaborados y menos convencionales, tramas secundarias mejor definidas, menos tralla y más alma. Pero es una película notable, con un comienzo apoteósico y unos planos aéreos que merece la pena ver en una pantalla lo más grande posible.

“The Confession”: Hitchcock reloaded

Sigue creciendo el número de webseries que optan a entrar en un circuito comercial televisivo a base de originalidad, talento y amor al arte no siempre recompensado. Hace algunas semanas vimos la genialidad cómica más hispana de Entre pipas. Ahora cambiamos de tercio. The Confession es una serie policiaca norteamericana que en 10 capítulos de 5-6 minutos desarrolla un misterio basado en un secreto de confesión, algo que Hitchcock ya desarrolló en la sensacional Yo confieso.

Esta vez el sacerdote no es tan fotogénico como Montgomery Clift, pero sí tan carismático. John Hurt recibe en el confesionario al mítico Jack Bauer de 24 (Kiefer Sutherland), que aquí interpreta a un asesino maquiavélico. La serie es de 2011 y la ha comprado recientemente la cadena AXN, desde dónde puede verse en abierto. Aunque como siempre aconsejo verla en V.O.

Es una serie que te atrapa con un guión astuto y elegante, con unas salidas esporádicas del confesionario muy acertadas y una planificación muy sencilla que aprovecha dos actores que saben moverse en este tipo de personajes. La música del experto en series Sean Callery (Homeland, 24) consigue una tensión cortante a lo largo de los 62 minutos de metraje. The Confession se rodó en 2011 y hasta ahora no ha logrado una repercusión que espero que siga creciendo.

Calificación: 8

Palmarés y apuntes finales sobre Zinemaldia 2013

El cine “de crisis” en habla hispana ha sido el gran triunfador de la última edición del Festival de Cine de San Sebastián. Cine realizado con presupuestos ajustados, historias personales y pequeñas. La venezolana Pelo malo (mejor película) de Mariana Rondón, la mejicana Club Sandwich de Fernando Eimbcke (mejor director) y la española La herida del debutante Fernando Franco (mejor actriz y Premio especial del Jurado), comparten esta forma de hacer cine coherente con los tiempos actuales.

En esta línea también se encuentra la película inglesa Le Week-end de Roger Michell que ha logrado la Concha de Plata al mejor actor para Jim Broadbent. Al estilo de la trilogía de Richard Linklater (Antes de amanecer), Le Week-end es una historia contada con dos personajes jubilados que hablan sin parar sobre su matrimonio en declive.

Un tanto curioso resulta el premio al mejor guión que se ha llevado el maestro francés Bertrand Tavernier y sus dos coguionistas, Antonin Baudry y Christophe Blain por la adaptación de un prestigioso cómic político en Quai d’Orsay.

El resumen general del Festival es que el mejor cine no ha estado en la Sección Oficial sino en las Perlas de Zabaltegui con títulos imponentes como Like faher, Like son de Hirokazu Kore-eda y Gravity de Alfonso Cuarón (probablemente la película del año).

Por otro lado, esta edición se recordará por la conmoción que ha producido en la ciudad y en los medios de comunicación la llegada de Mario Casas y Hugh Jackman (éste último protagonizó una de las imágenes más espontáneas del Festival al pasear en bicicleta por la ciudad). Una euforia planificada e inteligente porque, además de ser estrellas mediáticas, el coruñés y el australiano son dos actores con un talento innegable y recientemente demostrado.

Last day y quiniela

Esto se acaba. La herida es la última película a concurso. Fernando Franco, hasta ahora montador prestigioso de Blancanieves (por la que ganó un Goya), Alacrán enamorado o No tengas miedo, se estrena en la dirección.
Ana trabaja como enfermera en una ambulancia. Su contacto con el  sufrimiento es diario y además no acepta que su novio la haya dejado. Pero la principal herida de Ana está en su psique.
La película no consigue desprenderse del tono impostado y oscuro, puesto al servicio de de una historia excesivamente pequeña que no aporta nada al cine sobre enfermedades psíquicas. Muy bien intrepretada por Marián Alvarez, La herida, más que doler, te cansa y resulta distante.
Y para acabar, voy a hacer una quiniela, condenada al fracaso porque si hay algo poco previsible es el jurado de un festival de cine. Pero allá vamos.
Mejor película: Caníbal
Mejor director: Roger Michell (Le-Weekend)
Mejor guión: David Trueba (Vivir es fácil con los ojos cerrados)
Mejor actor: Antonio de la Torre (Caníbal)
Mejor actriz: Marián Álvarez (La herida)
Mejor fotografía: Nicolas Bolduc (Enemy)
Premio especial del Jurado: Quai D´Orsai (Bertrand Tavernier)
Premio Horizontes latinos: El médico alemán
Premio del Público Perlas de Zabaltegui: Gravity

Muermismo mejicano

Iba dispuesto a lo peor. Lo reconozco: me da pánico el cine mejicano. Tan lento y deprimente con tanta frecuencia. El trailer hay que reconocer que ya te avisa del muermo que te espera… Pero no es suficiente. Minutos y minutos de ralentización, de no pasar nada, de créditos que tardan horas en desaparecer. La historia de un adolescente gordo y su embobada madre en un hotel casi vacío quiere ser una historia de madurez vital y sexual, pero es otra cosa. Son dos tipos aburridos que casi no hablan, sólo se tumban al sol y a comer techo en el hotel.

Y todo con mucha calma, no vaya a ser que semejante trepidación dramática interese a alguien más que a la madre entusiasmada con su rollizo maromo. Y uno piensa la cantidad de películas en las que pasan cosas, surgen emociones, te interesa lo que sucede… Pero aquí 80 minutos resultan interminables, más aún con la vocalización mejicana ininteligible.

La maldición donostierra de Campanella

No tiene suerte el director argentino con San Sebastián. Hace unos años le birlaron la Concha de Oro que merecía por El secreto de sus ojos. Ahora presenta su última película inaugurando la Sección Oficial con una cinta muy defectuosa, en la que brilla la “barata” técnica (la película siendo animada ha costado 20 millones de euros) pero en la que sorprende mucho un guión plano, errático, con exceso de plomo sin vida, de diálogos sin ingenio. 

No nos esperábamos esto de Campanella. Futbolín ha gustado muy poco a la crítica y dudo que al publico, tanto infantil como adulto, le acabe de convencer. La historia tiene su originalidad en el punto de vista pero se viene abajo en un guión muy pobre, que resulta aburridísimo en un doblaje español que probablemente empeore más aún el resultado final. El cine argentino hay que escucharlo en argentino, todo lo demás es perder la esencia.

Zipi y Zape en Hogwarts

Zipi y Zape han marcado la infancia de varias generaciones que poco tienen que ver con el público al que va dirigida esta película. Lo digo por experiencia: he reconocido poco de los tebeos que leí en su día en la película de Oskar Santos (El mal ajeno, Hispania). Aquí hay más de Daniel el travieso y el universo de Harry Potter. Pero da igual. La película funciona a ratos.

Un entretenimiento con un diseño de producción muy vistoso, chavales que resultan naturales, personajes secundarios con gracia. Y 90 minutos ajustados que se agradecen. El tono exagerado de los “malos” puede rechinar pero en general la película la verán los pequeños con agrado mientras los mayores pasarán un buen rato.

Si además al crítico de cine le dejan elegir asiento con espacio vital mínimo (el pase era a las 9:30 en un desierto cine Principal), la percepción de la película es muy agradable. Por cierto, espero que alguien en algún momento prohiba ver una película desde el gallinero del 3º piso del Victoria Eugenia o en medio de una fila central del Teatro Principal. Estoy convencido que Ryan Reynolds en Buried tenía menos sensación de claustrofobia.

La vida que duele y que cura

François Dupeyron ya sabe lo que es ganar en San Sebastián. Lo hizo en 1999 con ¿Qué es la vida?: una película de diálogos intimistas y sencillos que sigue viéndose con agrado casi 15 años después. Mon ame par to guérie es más de lo mismo pero con un protagonista que tiene un don de curar heredado de su madre. Frédi nos recuerda un poco al personaje de Matt Damon en Más allá de la vida. Él tampoco quiere tener esa capacidad extraordinaria de curar pero no puede evitar ser requerido por mucha gente necesitada.

Lo mejor es que no es una película “milagrera”; es una historia de lo más cotidiano rodada con muchos planos secuencia que hacen creíbles e interesantes a todos los personajes. Además hay gotas de un saludable humor y un tono luminoso que humaniza la película haciéndole cercana y sugerente. Por ahora de lo más interesante que hemos podido ver en la Sección Oficial.

Un discreto chiste francés

Una de cal y otra de arena con la Sección Perlas de refugio del crítico perjudicado por el paso de los día

“Quai d´Orsay”: Tavernier se pasa al cómic

Bertrand Tavernier ha presentado probablemente la película más solida de la Sección Oficial. Como buena adaptación de un cómic político muy reconocido de los maestros Blain y Lanzac tiene un ritmo trepidante de montaje muy ágil, semejante a las viñetas, con personajes exageradísimos en su crítica atroz al uso vacío del lenguaje en la política internacional. Inteligente, divertida y en mi opinión demasiado redundante. En la línea de la británica In the loop, le falta un final más redondo pero es una película notable.

"Un largo viaje": ¡Y tan largo!

The Railway Man (traducida como Un largo viaje) cuenta muy mal lo que contó con maestría David Lean en Un puente sobre el río Kwai. El australiano Jonathan Keplitzky cuenta con una pareja solvente compuesta por Nicole Kidman Colin Firth. Y poco más. El talento brilla por su ausencia en la planificación (el último tramo de la película es delictivo en este aspecto) y sobre todo en un guión torpe y cursi que retrata personajes inconcebibles. Una de esas historias con buena intención que despiertan instintos asesinos en el espectador.

El trailer es vistoso y puede engañar con la utilización de la magnífica música de La delgada línea roja que nada que tiene que ver con la partitura original de la película. Pero es un quiero y no puedo en toda regla. Un desperdicio caro de diseño de producción y buena fotografía.

De otra galaxia

Un día complicado para comentar la Sección Oficial. Sobre todo porque el murmullo comienza a ser atronador; todo pinta a que este año la categoría reina del Festival va a ser de las más decepcionantes de los últimos años.

Hoy hemos podido ver las películas de la Sección Oficial que han sido 4 ni más ni menos. Pero antes que nada quiero decir lo que me ha salvado el día: Gravity de Alfonso Cuarón presentada en la Sección Perlas.

“Gravity”: el humanismo galáctico de Cuarón

La crítica la he escrito in extremis para la revista así que la podréis leer con calma. Pero un avance: es una bellísima historia tanto visual como narrativamente. Dos actores que llenan el espacio con su voz y unos personajes que mezclan ternura, simpatía y dramatismo del bueno.

Bullock y Clooney están perfectos y el 3D, ésta vez sí resulta necesario. Os dejo con el trailer, la merecida portada en Fila Siete de octubre y paso a la temible Sección Oficial.

Puerro venezolano

El sol en San Sebastián ha llenado aún más las calles que ven como críticos van de aquí para allá en una mañana muy ajetreada. Ni mas ni menos que tres películas de Sección Oficial que han dejado impresiones muy diferentes.

“Pelo malo”: la dura infancia venezolana

Hay películas que son lo que prometen. Y ésta es una de ellas. Tono documental, realismo crudo, historias y personajes en los que apenas hay luces. Y un ritmo latino en en el sentido venezolano, uruguayo, mejicano… Un porcentaje de cine que hay que pagar en todo Festival.

Hay que reconocer que es una ventana abierta a un mundo diferente, pero hay ventanas que te sorprenden, te manchan… O te aburren, te dejan lejos, con sensación de que esa infierno venezolano ya te lo han mostrado demasiadas veces. Es lo que me pasa con la historia de este niño que tiene el pelo salvaje, imposible de peinar.

Mujeres a la hoguera

Alex de la Iglesia sigue a lo suyo con Las brujas de Zugarramurdi. A los personajes desquiciados y extremos en historias desquiciadas y extremas. Esta vez en clave claramente misogina: una historia en las que las mujeres son todas brujas que hechizan a los hombres humillándoles de la manera más vil. Esta segunda lectura funciona como un reloj en la trepidante media hora inicial.

Hay un atraco y una persecución por medio pero lo interesante es como todos los hombres muestran su adoración y pánico hacia las mujeres que les explotan. En este rol está divertidísimo Mario Casas y muy solventes Hugo Silva y Javier Botet.



Pero el chicle se estira y aparecen las brujas que no son tan divertidas ni tan sugerentemente malvadas como esperábamos de dos personajes interpretados por Terele Pávez y Carmen MauraCarolina Bang vuelve a hacer de chica guapa esta vez formato skin con tatuajes incluidos, un personaje que resulta demasiado evidente hasta el tramo final.



Es una pena que no se lleven más minutos las señoras brujas y vascas interpretadas por Santiago Segura y Carlos Areces: Conchi y Asun son de lo mejor de la película.

Una vez más Alex de la Iglesia demuestra que tiene ingenio y creatividad, pero sus películas son un suspiro que se pierde en querer tronchar de risa al espectador sin coherencia ni medida alguna. 

A falta de Miyazaki siempre nos quedará Koreeda

Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes, Like father, like son ha vuelto ha demostrar que el director japonés de Still Walking, Air Doll o Kiseki es de los más grandes del cine actual. En De tal padre, tal hijo (traducción literal del título) cuenta la historia de dos niños que descubren a los 6 años que sus padres no son sus padres. Los dos nacieron en el mismo día y el hospital intercambió sus identidades.

Con este argumento Koreeda vuelve a hablar de la familia, de la educación y la genética, de un mundo que juega con la paternidad como si fuese una etiqueta de quita y pon. Y lo hace dejando al espectador a los pies de personajes de carne y hueso que se enfrentan a dilemas universales sin subrayados, con sencillez en la mirada y en los diálogos, con talento en cada plano, en cada giro narrativo. Koreeda lo hace todo fácil y directo, como Miyazaki. Y eso está a la altura de muy pocos.

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